ISAGOGIA DE QOHELET

enero 18, 2010

ISAGOGIA DE QOHELET

El libro sagrado de “Eclesiastés” es de especial significado para mí, y le guardo un profundo aprecio, y gran gratitud a Dios por él, pues el Espíritu Santo lo utilizó conmigo de manera especial para preparar mi corazón para la evangelización, cuando era un estudiante de psicología, y me atosigaba con los libros de Freud, Nietzsche, Sartre y demás. Tengo la experiencia espiritual de haber sido tocado por Dios mientras estudiaba atentamente este libro. Aró la tierra en cuanto me despojaba de las falsas ilusiones humanistas con que nos engañamos a nosotros mismos debajo del sol; y tornó mi corazón hacia la búsqueda de Dios mismo.

“Y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos; conocí que aun esto era aflicción de espíritu. Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor…/…Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ha sido hecho. Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas. El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas; pero también entendí yo que un mismo suceso acontecerá al uno como al otro. Entonces dije yo en mi corazón: como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora para hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad. Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio…/…Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad…/…Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio?…/…Respecto de lo que es, ya ha mucho que tiene nombre, y se sabe que es hombre y que no puede contender con Aquel que es más poderoso que él…/…Yo, pues, dediqué mi corazón a conocer sabiduría, y a ver la faena que se hace sobre la tierra (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en sus ojos); y he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará; aunque diga el sabio que la conoce, no por eso podrá alcanzarla. Ciertamente he dado mi corazón a todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios están en la mano de Dios…/…Me volví y vi debajo del sol, que no es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos…/…Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne. El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ecl.1:17, 18; 2:12-16, 19; 6:8ª,10; 8:16, 17; 9:1ª, 11; 12:12-14). Y esto, por ahora, solo respecto de la sabiduría debajo del sol, sin lo relativo a muchas otras cosas.

Gracias a Dios que la moneda tiene dos caras: Si por una cara dice: “Vanidad de vanidades”, por la otra dice: “Cantar de los cantares”. Y el estilo y uso de las palabras es del mismo autor, como veremos; “Cantar de los cantares, el cual es de Salomón” (Cant.1:1); y una misma la inspiración y complementación dentro del contexto general de la revelación divina. A pesar de algunos cuestionamientos subjetivos aislados, el Eclesiastés ha sido reconocido tradicionalmente por el Judaísmo y por el Cristianismo como parte de las Escrituras Sagradas. El Señor Jesucristo, con su declaración general de que la Escritura no puede ser quebrantada (Jn.10:35b), incluye al Eclesiastés bajo Su cobertura. Lo mismo hace el Espíritu Santo con las declaraciones apostólicas (Rom.3:1, 2; 2Tim.3:16, 17). El hecho de que el Libro del Eclesiastés pertenezca al Canon de las Sagradas Escrituras inspiradas por Dios, tiene muchas implicaciones, no percibidas por el espíritu de escepticismo destilado sutilmente, y no tanto, por el modernismo liberal que se expande como un cáncer, arrastrando a la inconsecuencia y sus derivados nefastos. Por eso es necesario “cortar por lo sano”. Para el creyente en la inspiración de las Sagradas Escrituras, lo consecuente es atender cuidadosamente las declaraciones internas de ella misma. La hermenéutica debe ser acorde a la hermenéutica revelada intrínseca. En el juicio crítico acerca de cualquier documento, se debe presumir su autenticidad, hasta que no se demuestre fehacientemente lo contrario, habiendo oído con atención todas las ponderaciones y examinándolas exhaustivamente.

El Eclesiastés, al igual que todas las demás Sagradas Escrituras, ha sufrido el ataque inmisericorde del modernismo liberal corrosivo y escéptico. Su verdadera base, la de los ataques, es la sin razón de su antipatía incrédula, vestida de aparente racionalidad; pero ese tipo de crítica ha sido, a su vez, sometida también a la crítica, como corresponde en todo juicio, y ha resultado falsa y nula, dejando a la tradición impertérrida, y sin razones para inmutarse. Según la evidencia interna, la autoría se atribuye a Qohelet ben David, rey en Jerusalem (1:1): “Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén”. “Yo el Predicador fui rey sobre Israel en Jerusalén. Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo…Miré todas las cosas que se hacen debajo del sol; …Hablé en mi corazón, diciendo: He aquí yo me he engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mi en Jerusalén; …y dediqué mi corazón a conocer la sabiduría,…Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes…Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cual fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida. Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto. Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y de cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música. Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno…Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey?” (1:12, 13ª, 14ª, 16ª, 17ª; 2:1ª, 3-10ª, 12ª). Y así continúa en primera persona, dándonos testimonio de su propia vida privilegiada de rey sabio hijo de David, con la intención manifiesta de ver y enseñar cuál fuese el bien de los hijos de los hombres en el cual ocuparse por el resto de la vida en la tierra. Primero se dedicó a la sabiduría, y entonces también a los placeres y a las riquezas, volviendo luego con reflexiones a la sabiduría, habiendo examinando los desvaríos y la necedad. “He visto…, Entonces dije yo en mi corazón…, Aborrecí, por tanto, la vida…, Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol,…Volvió, por tanto, a desesperanzarse mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría…Yo he visto…, Yo he conocido…He entendido…Vi más debajo del sol…y dije en mi corazón: al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y todo lo que se hace. Dije en mi corazón: es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias… ¿Quién sabe…? Así, pues, he visto…Me volví y vi…Y alabé yo a los finados…He visto asimismo que…Yo me volví otra vez, y vi…Vi….Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. (Como también aprendió al final el sabio Job a cerrar la boca)…Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque Él no se complace en los insensatos.” (3:10ª, 12ª, 14ª, 16ª, 17, 18, 21ª, 22ª; 4:1ª, 2a, 3ª, 7ª; 5:1, 2, 4ª; Job 42:1-6). Con su volverse constante y progresivo, este rey sabio, hijo de David, y rey sobre todo Israel en Jerusalén, redescubre a Dios. Y por eso entonces aconseja, y por eso entonces continúa en los capítulos 5, 6 y 7 del Eclesiastés, con una serie de proverbios semejantes a los del Libro de los Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel (Prov.1:1ss). Ahora habla con inmenso realismo de lo que aprendió en el parto; tanto de la vanidad de la vida debajo del sol, como de la parte del bien debajo de ella, como también del sentido trascendente de la vida en Dios mismo. “Respecto de lo que es, ya ha mucho que tiene nombre, y se sabe que es hombre y que no puede contender con Aquel que es más poderoso que él” (6:10); “Mira la obra de Dios…” (7:13ª); “He aquí que esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón…He aquí, solamente esto he hallado: Que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (7:27, 29). Y aquí el autor habla a la vez de sí mismo, tanto en primera como en tercera persona: he hallado; dice el Predicador; he aquí esto he hallado. Y sigue concluyendo: “Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que a Dios temen, los que temen ante su presencia; y que no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios” (8:12, 13). Y terminando el capítulo 9, y a lo largo del 10, vuelve al tipo de proverbios semejante al del Libro de los Proverbios de Salomón, como lo venía haciendo en los capítulos 5, 6 y 7; y ahora en el capítulo 11 vuelve a los consejos, también semejantes a los de aquel Libro. Concluye, pues, con la tercera persona, que ya había introducido antes, definida e indefinida, el Predicador, un Pastor, alternándola con la primera literariamente, tal como lo hacemos muchos autores; yo mismo varias veces; “Ahora, pues, hijo mío…Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque este es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (12:12ª, 13, 14). Y el mismo Libro asemeja el Eclesiastés a los Proverbios: “Cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios” (12:9).

Cantares, Proverbios y Eclesiastés comienzan de manera similar, pero con contenido progresivo: “Cantar de los cantares, el cual es de Salomón” (1:1). “Los Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel” (1:1). “Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén” (1:1). Podríamos considerar a Cantares un Libro con los bríos de la juventud; a Proverbios un Libro de madurez; y a Eclesiastés un Libro de ancianidad. En Cantares el amor es más importante que el reinado, y en el inicio no se menciona el reinado, aunque en el interior sí; el nombre de Salomón es más importante que el título de rey. En Proverbios el nombre de Salomón se une al de su padre David y al título de rey, conforme a la majestad del apogeo. En Eclesiastés, conforme al espíritu íntimo del libro, aunque el autor se identifica como hijo de David y rey en Jerusalem, como también (v.12) rey sobre Israel, no obstante, prefiere ahora en la ancianidad, ya vuelto de sus andanzas vanas, ocultar humildemente el nombre tras la mera identidad del oficio de asambleísta congregador, lo cual se entiende del título Qohelet, traducido al griego en la Septuaginta como Eclesiastés. De la misma manera que Billy Graham, cuando fue convidado a lanzarse para la presidencia de los Estados Unidos, no se rebajaría de su condición de predicador para ser apenas presidente de la república. Es mejor la humildad del púlpito que la vanidad que rodea al trono. También Jacob, en su ancianidad, actuó de manera humilde y digna ante el faraón; como bien lo resalta Watchman Nee To Sheng en su libro “Transformados a Su semejanza”.

Qohelet es una palabra que proviene de Qahal, la cual última significa: asamblea, congregación, grupo, en cuanto sustantivo de origen; en cuanto verbo nominativo, diferenciado del anterior por las señales masoréticas vocales, significa: convocar reunión. Otras palabras derivadas de la misma raíz son: Qehilâ (que también significa asamblea o congregación), como igualmente: Maqhël. La Septuaginta traduce el verbo hebreo Qahal al griego Ekkaleö. Por eso también asamblea se traduce iglesia, de ekklesía; y por tanto, Eclesiastés de Qohelet. Pero la Septuaginta también traduce en varias ocasiones Qahal por: Sinagoga; por lo tanto, podría incluir también: Sínodo. A su vez, Qahal provendría del verbo Qôl: hablar, como aparece principalmente en Ezequiel y en los Documentos del Qumram. La terminación de Qohelet es femenina, como también sucede en castellano con nombres femeninos de extracción masculina, tales como Amparo, Socorro, Pilar, etc. Así Qohelet puede decirse en castellano: asambleísta, con terminación en “a” como los femeninos, pero aplicable a los dos géneros. Viendo, pues, todas las aplicaciones raizales, no está equivocado que algunas traducciones traduzcan Qohelet por Predicador. Y a veces un nombre común se torna propio. Por lo cual, el Midrás Qohelet Rabbah habla de los tres nombres del hijo de David, rey de Israel en Jerusalem: Salomón, Jedidías y Qohelet (QoR.I:1.3.1.2). Es interesante notar que aunque la terminación hebrea de la palabra Qohelet tiene visos femeninos, no obstante, en el hebreo bíblico generalmente se conjuga con verbos en forma masculina, con apenas una excepción en Eclesiastés 7:27, que algunos sospechan ser quizás una separación equivocada de palabras. (Véase Jack P. Lewis de Memphis, en DITAT; J. Y. Campbell, “Orígen y significado del uso cristiano de la palabra “iglesia” ”; Nils A. Dahl de Darmstadt, “Das Volk Gottes”; F. Zimmerman, “La Raíz “qahal” en algunos pasajes de la Escritura”).

El texto arriba referido del Midrás Qohelet Rabbah es el siguiente: “Se le llama de tres formas: Yedidías, Salomón y Qohelet. Rabí Yehosúa ben Leví sostenía en cambio que de siete: Agur, Yaqué, Lemuel, Itiel, más los tres mencionados son siete. Rabí Samuel bar Najmán decía a su vez que, en principio, los auténticos son tres: Yedidías, Salomón y Qohélet; admitía, sin embargo, los otros cuatro, siempre que se entendieran como apodo de Salomón, y que fueran dados con la intención de ser interpretados: Agur, porque había acumulado palabras de la Torá; Yaqué, porque vomitaba su discurso, como un cuenco que primero se llena y después se vacía; así Salomón aprendió la Torá primero para olvidarla después; Lemuel, porque habló contra Dios en su corazón al decir: yo puedo aumentar el número de mujeres sin pecar; Itiel, porque dijo: Dios está conmigo, así que puedo”. (Traducción castellana de la filóloga complutense Dra. Carmen Motos, del Midrás Qohelet Rabbah, publicado por la Biblioteca Midrásica, N.22, Navarra 2001). Las opiniones de los rabíes Yehosúa ben Leví y Samuel ben Najmán, de ser siete los nombres de Salomón, no me parece plausible, pues Agur ben Jaqué, Itiel I, Itiel II, Ucal y Lemuel (Prov.30:1; 31:1), son nombres de diferentes personajes: el primero, un sabio profeta; y el último, un rey; y los tres intermedios, los destinatarios de la profecía del primero mencionado. Salomón no solamente escribía, sino que también recopilaba la sapiencia de otros sabios (Prov.24:23; Ecl.12:9-11). Además, muchos de los Proverbios de Salomón, y de los que él recopilaba, fueron a su vez copiados en días del rey Ezequías de Judá (Prov.25:1). Los varones de Ezequías editaron, pues, tales colecciones, como también los Salmos davídicos y los Salmos asáficos (2Cr.29:30).

Sirva de glosa al margen en este momento, la llamada de atención acerca de que toda esta labor escrituraria y editorial de David, Asaf, Salomón, Ezequías y sus varones, incorpora el trasfondo mosaico, como pudo verse, por ejemplo en este escrito, en las alusiones de Salomón a los mandamientos de Dios, al igual que a la Ley en los Salmos; lo cual refuta las hipótesis documentarias de tipo wellhausiano. (Al respecto, véanse de este mismo autor Gino Iafrancesco V., los libros: “Aproximación a Crónicas”, “Preliminares a una exégesis cosmogónica” y “Al Principio”). Los asuntos filológicos se verán, Dios mediante, más adelante. Retomando el asunto de los nombres de Salomón según el Midrás Qohelet Rabbah, el autor mismo anónimo del mencionado midrás, apenas parece reconocer tres: Jedidías, Salomón y Qohelet. El último aparece alguna vez en hebreo con artículo, rebajándolo de la categoría de nombre propio a mero título; aunque también ya dije que a veces nombres comunes se tornan propios.

Examinando, pues, la evidencia interna, en lo que respecta a lo dicho por el mismo texto inspirado del Eclesiastés, su autor es Salomón Jedidías Qohelet, hijo de David, y rey de Israel en Jerusalem. Ciertamente que en el caso de libros judaicos no inspirados, y otros, algunas veces el autor asume un nombre que no es el propio, sino el de algún héroe bíblico; pero ese no puede ser el caso en un libro verdaderamente inspirado por el Espíritu Santo, según es el caso de Eclesiastés, de acuerdo a la enseñanza del Señor Jesús y sus apóstoles, pues se le estarían atribuyendo mentiras al Santo Espíritu. El autor de Eclesiastés fue hijo de David, rey de Israel en Jerusalem. La expresión simple “hijo de David”, ciertamente puede aplicarse no solamente a Salomón, sino también a otros hijos y nietos y descendientes de David, etc; pero la expresión “rey de Israel” solamente se puede aplicar a Saul, Is-Boset, David y Salomón, que fueron los únicos reyes de Israel que reinaron sobre las doce tribus. Pero como Saul e Is-Boset no fueron hijos de David, entonces solamente nos queda Salomón, que además fue rey de Israel en Jerusalem. Saul e Is-Boset no reinaron desde Jerusalem. El que Salomón diga que fue rey de Israel en Jerusalem, no significa que ya no lo sea cuando escribe, sino simplemente que lo ha sido, o que ha llegado a serlo.

Por otra parte, el hecho de que el autor de Qohelet haya dicho que fue engrandecido mucho más que los que fueron antes de él en Jerusalem, no significa necesariamente, como algunos sostienen, que el plural implica no ser Salomón el autor. Pero debemos tener en cuenta que antes de David, padre de Salomón, que se tomó la ciudad por mano de Joab, ya existieron reyes jebuseos en la ciudad anteriores a David y a la toma de Joab, los cuales también son aludidos en el plural; igualmente debemos incluir a Melquisedec, figura de Cristo. Además, cuando Salomón se refiere a que fue engrandecido más que los que fueron antes de él en Jerusalem, no dice necesariamente que fueron reyes antes de él en Jerusalem, sino simplemente que fueron en Jerusalem antes de él, no necesariamente reyes; por lo cual la frase puede también referirse a todos los que existieron o vivieron en Jerusalem antes de él, sin necesidad de haber sido reyes.

Las circunstancias reales que vivió Qohelet hijo de David rey de Israel en Jerusalem, fueron las típicas que vivió Salomón según lo dicho en otras de las Escrituras Sagradas que a él se refieren, como Reyes y Crónicas. No hay candidato mejor. Por lo tanto solo resta considerar los asuntos filológicos levantados imprudentemente por el modernismo escéptico liberal, refutados, no obstante, suficientemente por la erudición conservadora tradicional. Al igual que lo hasta aquí dicho, las consideraciones filológicas también constituyen evidencia interna.

Debemos tener en cuenta, dentro de las consideraciones filológicas, que ha existido una historia arqueológica de descubrimientos lingüísticos, posterior a las críticas apresuradas del modernismo liberal, especialmente de Cornill, Delitzsch, Driver y sus émulos, las cuales han sido acalladas por la evidencia documental. Supuestos neologismos en el Texto sagrado, se demostraron más bien ser arcaísmos semíticos comunes al hebreo, arameo, babilonio y ugarítico arcaicos. También el codearse salomónico con la cultura fenicia, que ya había rodeado a Hiram (y por supuesto también a Salomón), ha sido puesto de manifiesto especialmente por Mitchell Dahood, James Muillemberg y Margoliuth; de donde se ve que los supuestos arameísmos tardíos alegados, ya eran arcaicamente empleados en las inscripciones fenicias, como las de Eshmunazar y Tabnith. Además, Gleason Archer corrige algunas especulaciones de M. Dahhod, haciendo mucho más claro el contexto fenicio histórico arcaico. Los 97 términos que Franz Delitzsch, desde la supuesta autoridad únicamente de Cornill, alistaba como arameísmos post-exílicos, fueron fácilmente reducidos a una decena por Hengstemberg ya en su propia época, y mucho más por Robert Dick Wilson y Gleason Archer posteriormente (“Investigación científica del Antiguo Testamento” de Wilson, y “Reseña crítica de una introducción al Antiguo Testamento” y “Enciclopedia de dificultades bíblicas” de Archer, respectivamente). Y nadie puede dudar de la solvencia académica y filológica de estos expertos profesores especialistas en lenguas antiguas (Wilson en 45 lenguas, y Archer en 26). El tratamiento de Wilson sobre cada uno de los supuestos y alegados arameísmos tardíos es minucioso y contundente. Véase también al respecto su colección de artículos sobre el tema publicados en 1925 en la Revista Presbiteriana. Por otra parte, los términos salomónicos que reconoce E. Young en Cantar de los cantares, son los mismos que reconoce Archer en Qohelet. La discusión filológica modernista, que a su vez ha sido sometida también a la crítica, ha devuelto, desde la academia y la más reciente arqueología, la bandera de la vanguardia, irónicamente en los tiempos del post-modernismo, otra vez a la tradición juedo-cristiana más conservadora.

Gino Iafrancesco V. 2 y 25 de octubre de 2009, Bogotá D.C., Colombia.

ANTICIPACIÓN PROFÉTICA MESIÁNICA

julio 29, 2008

Yahveh Elohim es el Dios Eterno, [1]Uno y Trino[i][2], cuyo Verbo Divino, igual a Sí, el Hijo eterno de Dios, Su propia Imagen y resplandor de Su gloria, por Quien Dios se revela[3], es el arquetipo conforme al cual fue creado el hombre. Cuando Elohim dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza[ii][4], tal imagen y semejanza es el Hijo de Dios[5]. El hombre sería, pues, corporativo[6], destinado a la relación estrecha con el Hijo de Dios[7], conteniéndolo como vida para vivir por Èl[8], y configurándose a Su imagen y semejanza para expresar Su gloria[9]. Adam, el primer hombre[10], fue, pues, figura del que habrìa de venir[11]. Eva[12], entonces, figura de su mìstica esposa[13], tomada de su costado mientras él pasaba por el sueño profundo, para ser su asistente compañera y coheredera, su ayuda idónea, carne de su carne y hueso de sus huesos[14]. La vida del hombre sería la del Árbol de la Vida[15], corporificación de la vida divina que está con el Padre y es Su Hijo[16]. Al venderse el hombre al pecado y quedar bajo su poder y el de Satanás y el de la muerte[17], Yahveh Elohim prometió una Simiente de la Mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente aunque fuese herida en el calcañar[18]. Vencería, pues, al pecado y a la muerte, al mundo y al diablo con su séquito. También Yahveh Elohim cubrió la desnudez del hombre con las túnicas de pieles de un sacrificio que prefiguraba el del Cordero de Dios[19]. Por eso Abel[20] se acogió por la fe a este sacrificio para poder ser acepto ante Dios, y lo fue en lugar de Caín[21] que apenas se confió en el fruto de su propia labor, lo cual es siempre insuficiente para reparar la ofensa de lesa majestad cometida contra Dios, Su santidad, justicia y gloria[22].

Desde Adam en el Edén y desde Abel, los hombres comenzaron a entender y usar el valor protector del sacrificio propiciatorio[23]. A esta fe se acogió Set [24] y su hijo Enós[25], comenzando éste último, como frágil mortal, a invocar el hombre de Yahveh. Enós fue el gran sacerdote antediluviano que enseñó a la humanidad primigenia la invocación a Yahveh; es, pues, figura del Sumo Sacerdote[26]. Caín, no obstante, salió y huyó de la presencia de Yahveh Elohim, tornándose Nod el errante y edificando con sus descendientes su propia civilización cainita, enajenada ahora del Único Dios Verdadero[27]. Aunque Caín mató a Abel, no pudo evitar que éste fuese sustituido por Set[28]. De Enós setita vino luego el séptimo desde Adam, el profeta que anduvo con Dios, Enok setita, arrebatado por Elohim[29]. Éste Enok setita profetizó diciendo: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los impíos han hablado contra Él[30]. Y por este profeta vino luego, por Matusalem[31] y Lamek setita[32], Noé[33], que construyó inmediatamente antes del Diluvio el arca salvadora que prefiguraba al Salvador[34]. Este Noé hizo pacto con Dios, el cual fue bendecido como Dios de Sem, hijo de Noé, que acoge en sus tiendas al engrandecido Jafet[35].

Por los semitas vino Abraham[36] a quien Dios prometió que por su simiente bendeciría a las familias de la tierra[37]. Isaak, hijo de Abraham, prefiguró a aquella Simiente de Abraham por quien serían bendecidas las familias de la Tierra[38]. La Simiente de Abraham sería, pues, la antigua Simiente de la Mujer, prometida para vencer el imperio de la serpiente. Isaak y su hijo Jacob I Israel recibieron la confirmación de las promesas hechas por Dios a Abraham[39]. Sara prefiguró el Nuevo Pacto, e Isaak al nacido por el Espíritu. Agar prefiguró al viejo pacto en la carne, e Ismael al nacido de ésta[40]. De Israel nació, pues, el pueblo de Israel según la carne, formado por las Doce Tribus; pero en medio de este Israel, se fue formando el Israel Espiritual, el verdadero Israel, circuncidado de corazón, con aquellos verdaderos creyentes en el Dios de Abraham y en su simiente prometida que bendeciría a las naciones, formado por los fieles y los profetas[41].

Jacob I Israel, antes de morir, inspirado por el Espíritu de Dios, profetizó a sus doce hijos. Entre ellos profetizó a Judá que no sería quebrado el cetro de Judá hasta que viniera Silo[42], es decir, el Enviado, Aquella Simiente de la Mujer y Simiente de Abraham prometida, prefigurado en Adam, Cabeza de la Humanidad. Que no sería quitado el Legislador de entre sus piernas. Silo, pues, el Enviado, el Ungido, el Mesías, el Cristo, sería el verdadero Legislador, y vendría del linaje de Judá.

Yhaveh Elohim llamó y envió entonces a Moisés por medio del cual realizó con Israel y sus prosélitos, los términos de la Antigua Alianza que entregaba al hombre mandamientos a la carne, para demostrarle a éste la necesidad de una mayor liberación. Mas junto a los mandamientos colocó Dios las fiestas, y los sacrificios que cubrían sus pecados, prefigurando éstos, sacrificios y fiestas, incluido el sábado, la Gesta del futuro Mesías, el Ungido, el Cristo, aquella Simiente de la Mujer, y Simiente de Abraham, aquel Silo del Linaje de Judá[43]. Lo transitorio y pasajero de la Antigua Alianza lo enseñó Moisés al profetizar que Dios enviaría después de él a Un Profeta como él, que le salvaría la palabra de Dios, y que quien no oyese a ese Profeta, las palabras que El nos hablaría de parte de Dios, sería desarraigado del pueblo[44]. En tiempos de Moisés también profetizó Balaam que saldría Estrella de Jacob y se levantaría Cetro de Israel[45]. La simiente de la mujer que aplastaría al dragón, la Simiente de Abraham por quien serían bendecidas las familias de la tierra, las naciones, la Estrella de Jacob, el Enviado, o Silo, del Linaje de Judá, Legislador de entre sus piernas, sería, pues, el Profeta anunciado por Moisés que hablaría las palabras de Dios que nadie podría desatender sin gravísimo peligro, y quien sería el verdadero Cetro de Israel.

Antes de que ese Cetro comenzase a ser más proyectado proféticamente, el Verbo de Dios, en una de sus salidas desde la eternidad como el Ángel de Yhaveh que apareció a Moisés en la zarza como el Dios de Abraham, de Isaak y de Jacob[46], y que había aparecido a Agar como el Viviente que Ve[47], y que luchó como Dios con Jacob en forma de varón[48], Éste, en otra de sus salidas desde la eternidad[49], así como acompañó a Israel en el desierto cual Angel de Yhaveh y Roca herida dadora de aguas[50], Éste apareció a Josué como Príncipe de los Ejército de Yhaveh introduciéndoles en la Tierra Prometida[51], figura de la plenitud de Cristo[52]. Josué, como Conquistador, prefiguraba al Mesías; y por eso la semejanza de su nombre con el de Jesús. Y el Ángel de Yahveh también apareció al pueblo de Israel Boquim, en el tiempo de los Jueces, confirmándoles el Pacto[53]. Era el mismo que había hablado a Job desde un torbellino[54], como hablaba a los patriarcas antes de èl[55]. Fue Aquel que apareció a la madre de Sansón y a su padre Manoa[56].

Habiendo Samuel establecido la monarquía hebrea[57], y habiendo sido escogido David[58] como rey según el corazón de Dios, prometió Dios a David que de su descendencia levantaría al Cristo. Que David mismo, por haber derramado mucha sangre, no le levantaría casa a Dios pero que el Hijo de David, Éste sí le levantaría Casa a Dios, y Dios le sería a Él por Padre, y Él le sería a Dios por Hijo, y Su trono seria eternamente[59]. Salomón, pues, en figura tipológica, como hijo de David, edificó el templo en Jerusalén[60]; pero el verdadero Hijo de David que le edificaría el verdadero templo no hecho con manos humanas, sería el Mesías, el Cristo, el Ungido, el Enviado, Silo del Linaje de Judá, Cetro de Israel, Estrella de Jacob, el Profeta, Simiente de Abraham y Simiente de la Mujer, ahora descendiente del rey David y edificador de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, verdadera Casa de Dios, formada por israelitas y gentiles[61], así como el templo de Salomón fue edificado con madera de Israel y de los gentiles allegada a Israel por Jope[62], hoy Tel-Aviv, entrada internacional a Israel de los gentiles, lugar donde el apóstol Pedro recibió en visión orden de Dios de abrir las puertas de la Iglesia Cristiana a los gentiles, tal como Jesús de Belem y Nazareth había ordenado a sus discípulos ir, después de a Jerusalem, a Judea y a Samaria, también hasta lo último de la Tierra para hacerle discípulos, de modo que la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles según la promesa de Dios[63]. También otros profetas profetizaron acerca de la Bendición a los gentiles por medio del Mesías de Israel. Y así como cuando Salomón terminó de edificar el templo e introdujo el Arca del Pacto mientras 120 sacerdotes tocaban sus trompetas[64], así también 120 discípulos del Mesías testificaron del descenso del Espíritu Santo a la Iglesia Cristiana, Casa de Dios, a partir de Jerusalem[65].

Por eso profetizó David por el Espíritu Santo con las siguientes palabras postreras: “Habrá un Justo que gobierne entre los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra[66]. David, siendo profeta, y a quien Dios le había prometido que de su descendencia levantaría al Cristo[67], hablando inspiradamente por Su Espìritu[68], profetizó que sería traicionado[69], horadados sus manos y sus pies, escupido, golpeado, mofado, abandonado a la sed con vinagre, clamando a Dios ante el abandono[70], pero que en la muerte su cuerpo descansaría sin ver la corrupción pues su alma no sería dejada en el Seol = Hades[71]; entonces, pues, resucitaría y se sentaría a la diestra del Padre, hasta que todos sus enemigos le fuesen puestos por estrado de sus pies[72]. También profetizó Job al decir que aún deshecha su piel en la muerte, aún en su carne vería a su Redentor[73]. Salomón también lo prefiguró en el Amado de la Amada en el Cantar de los Cantares.

De Éste Simiente de la Mujer, Simiente de Abraham para bendición de las familias de la Tierra, Estrella de Jacob, Silo del Linaje de Judá, Legislador de entre sus piernas, Profeta anunciado por Moisés, Hijo de David prefigurado y también por él profetizado, de Éste profetizaron también los profetas de Israel y de Judá. Isaías profetizó que la virgen daría a luz un niño, cuyo nombre Emanuel significa Dios con nosotros[74]; que tal niño nacería como Hijo que nos era dado y cuyo nombre sería Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz que reinaría eternamente sin lìmites[75]. Que saldría una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñaría de sus raíces. Y reposaría sobre Él el séptuple Espíritu de Yahveh quien le haría entender diligente en Su temor. No juzgaría según la vista de sus ojos, ni argüiría por lo que oyeran sus oídos, sino que juzgaría con justicia a los pobres, y argüiría con equidad por los mansos de la tierra, hiriéndola con la espada de Su boca. La justicia y fidelidad serían cinto de Sus lomos; y en Su reino hasta los animales estarían en paz entre sí y con los hombres. La Raiz de Isaí sería Pendón a los pueblos, y los gentiles lo buscarían[76]. También profetizó Isaías con estas palabras: “He aquí que para justicia reinará un rey y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierras de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa[77]. Profetizó también que Dios mismo vendría y la lengua del mudo sería abierta, el ciego vería y el cojo andaría y saltaría de gozo y el sordo oiría, y que habría Calzada y Camino de Santidad desde Su venida[78]. Mas sería precursado por una voz del desierto, Juan el Bautista[79], que le prepararía el camino y le enderezaría las sendas[80]. También profetizó Isaìas: “He aquí mi siervo; yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre èl mi Espìritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia. No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley…. Yo Yahveh te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por Luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas[81]. Y más profetizó Isaías diciendo: “He aquí que mi siervo será prosperad, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído. ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿ Y sobre quièn se ha manifestado el brazo de Yahveh? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en èl, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebrantos; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó El nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, mas Yahveh cargó en Él el pecado de todos nosotros. Angustiado Él y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Yahveh quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Yahveh será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, Yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado entre los pecadores, habiendo El llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores[82]. También Isaías, prefigurando al Mesías, profetizó con las siguientes palabras: “El Espíritu de Yahveh está sobre Mi, porque me ungió Yahveh; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Yahveh, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Yahveh, para gloria suya[83]. Y también Isaías, en el capítulo 63 de su libro, habla inspiradamente acerca de la venida del Señor para pisar el lagar[84].

El profeta Jeremías profetizó diciendo: “He aquí que vienen días, dice Yahveh, en que levantaré a David Renuevo Justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y éste será su nombre con el cual le llamarán: Yahveh Justicia Nuestra[85]. Igualmente Jeremías anunció de parte de Dios que El haría un Nuevo Pacto, que daría Su ley en la mente y la escribirìa en el corazón, y que sería conocido hasta del más pequeño de los hermanos, y que perdonaría la maldad de su pueblo sin acordarse ya más de su pecado[86]. Como también el profeta Ezequiel anunció de parte de Dios que El quitaría el corazón de piedra y daría corazón de carne, y espíritu nuevo, haciendo andar en Sus estatutos, y colocando Su Espìritu dentro de Su pueblo[87]. Ezequiel vio al Hijo del Hombre en la gloria divina en medio de los querubines[88]. Oseas profetizó que Dios nos daría vida después de dos días y que al tercer día nos resucitaría y viviríamos delante de Él[89]. Joel profetizó que quien invocare el nombre del Señor sería salvo, y que El derramaría de Su Espíritu[90]. Jonás sirvió de señal al volver prácticamente de la muerte al tercer día[91]. Miqueas profetizó como Isaías acerca del reino de Yahveh y anunció la venida y sufrimientos del Mesías diciendo: “Con vara herirán en la mejilla al rey de Israel. Pero tú, Belèn Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el remanente de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel. Y Él estará, y apacentará con poder de Yahveh, con grandeza del nombre de Yahveh su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra. Y éste será nuestra paz[92]. Habacuc vio su venida gloriosa con rayos brillante de luz[93]. Prácticamente casi todos los profetas hablaron de ese día glorioso final. Hageo profetizó diciendo: “Porque así dice Yahveh Sabaot: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones y vendrá el Deseado de todas las naciones[94].

El profeta Daniel en Babilonia, Media y Persia profetizó acerca del Mesías y su reino[95]. Interpretando el sueño de Nabucodonosor[96] vio que una Piedra no cortada con mano de hombre destruía la estatua que representaba la historia de los imperios mundiales, y crecía cual el Monte del Reino de los Santos del Altìsimo. También vio Daniel al Hijo del Hombre en una nube recibiendo del Anciano de Días el reino tras los imperios mundiales. Vio su sufrimiento a manos de un Vil, y la muerte del Mesìas, no por sí, tras los 69 septenarios contados a partir de la orden de Artajerjes[97] de restaurar y edificar Jerusalem. Vio el reino y la resurrección[98].

Zacarías también profetizó de su primera venida humilde y para sufrir, y también de su segunda venida gloriosa para juzgar y reinar. Anunció Zacarías así: “Alègrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalem; he aquí que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. Y de Efraim destruiré los carros, y los caballos de Jerusalem, y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la Tierra. Y tú también por la sangre de tu pacto serás salva; Yo he sacado tus presos de la cisterna en que no hay agua[99]. Y también anunció Yahveh por Zacarías diciendo: “Si os parece bien, dadme mi salario; y si no, dejadlo. Y pesaron por mi salario treinta piezas de plata… ¡Hermoso precio con que me han apreciado!….[100]. Y dijo también: “Mirarán a mi, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito[101], Y también: “Se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los olivos, que está enfrente de Jerusalem al oriente… Y vendrá Yahveh mi Dios, y con él todos los santos… Y Yahveh será rey sobre toda la tierra[102]. Malaquìas también lo anuncia y a su mensajero, así: “He aquí yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de Mi; y vendrá súbitamente a Su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el Angel del Pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Yahveh Sabaot”[103].


[1] Ex.3:14; Dt.33:27; Salm.135:13; Is.40:28.

[2] Dt.6:4; Jn.10:30; Gal.3:20; 1Tim.2:5; Stgo.2:19; Mt.3:16,17; Is.63:9,10; [1Jn.5:7].

[3] Jn.1:1-3,14; Heb.1:3; Jn.1:18; Cool.1:15; 2Cor.4:4; Flp.2:6.

[4] Gn.1:26.

[5] Jn.1:18; 2Cor.4:4; Flp.2:6; Col.1:15; Heb.1:3; 1Jn.5:20.

[6] Ef.2:15,16; 1Cor.12:12.

[7] Jn.17:24; 1Cor.1:9.

[8] Jn.14:19; 1Jn.4:9.

[9] Rom.8:29; Ap.21:10,11.

[10] Adam de Edén, también conocido entre los antiguos como Atumu, Atum, Tum, Alulim, Aloros, Mula, Tanna-Kumpok, Tiki-ahua, Kuksu, Ask, Tuglay, Sihai, Unkulunkulu, Pelasgo, Foroneo.

[11] Rom.5:14.

[12] Ishsha Eva Adam de Edén, también conocida entre los antiguos como Ivi, Embla, Tuglibung, Mulai, Sinyaxau, Gea, Tellus, pandora.

[13] 2Cor.11:2,4; Ef.5:31-33.

[14] Gn.2:21-24; Ef.5:[30]-33.

[15] Gn.2:9,16; Ap.2:7.

[16] Jn.1:4; 5:26; 11:25; 14:6; Hchs.3:15; Rom.6:23; 2Cor.4:10-12; Col.3:4; 1Jn.1:1,2; 5:11,12.

[17] Gn.3:1-24; Rom.5:12-21; 7:14-24; Ef.2:3.

[18] Gn.3:15; Heb.2:14,15; Ap.12:1-5.

[19] Gn.3:21.

[20] Abel de Quedem, hijo de Adam, conocido en el Catálogo de Beroso como Alaparos, hijo de Aloros. En los priemas Weld-Blundell 62 y 444, de los sumerios, es llamado Alalgar, o Alagar. En otros lugares se le llama Amilabés.

[21] Caín Nod, conocido entre los sumerios como Kidunnusakinkin, según el prima Weld-Blundell 62. Quizá también conocido por los antiguos nórdicos como Imer, y su esposa Belsta. En Jubileos 4:9 la esposa de Caín es llamada Awan; y según el Liber Antiquitatum 2:2 es llamada Temec. Otros la llaman Saye, o Asaoúl, o Eswt.

[22] Gn.4:2-7.

[23] Gn.4:4; Heb.12:24; 1Jn.3:12.

[24] Set, también llamado Enmenluanna o Emeluanna, Amelon, Varuna y Urano. Según Jubileos 4:11 se esposa se llamaba Azura.

[25] Enós, también llamado Enmengalana, Emenluana, Amelon, Ammenon, Uanna, Daonos, Oannes.

[26] Gn.4:25,26.

[27] Gn.4:16-24.

[28] Gn.4:25.

[29] Gn.5:18-24; 1Cr.1:3; Lc.3:37; Heb.11:5; Judas Tadeo Lebeo 1:14,15; La tradición arcaica acerca del profeta Enok setita aparece también en los Catálogos de Grandes Personajes Antediluvianos del año 2400 antes de Cristo, es decir, el año humano 1920 desde Adam, en la época de Taré, encontrados por Weld-Blundell. El Catálogo W.B.444 hace mención de Enok setita llamámdolo Enmenduranna de Sipar, ocupando también el séptimo puesto del Catálogo, al igual que en Génesis y Judas Tadeo Lebeo que presenta a Enok setita como séptimo desde Adam. El Catálogo W.B.62 coloca a Enmenduranna de Sipar en el octavo lugar, pues incrusta otros personajes y cambia de lugar a algunos. Enmenduranna también es llamado Emenduranki, y el Catálogo de Beroso lo llama Evedoranjos de Pautibibla. En el Catálogo de Beroso, Evedoranjos de Pautibibla ocupa también el séptimo lugar como en Génesis, Judas Tadeo Lebeo y W.B.444. Batibira y Pautibibla son equivalentes; lo cual puede verse al comparar entre sí los Catálogos W.B.444, W.B.62 y Beroso. La tradición arcaica presenta a este personaje del que nos ocupamos, como hombre recto amado del Cielo, profeta que recibe revelaciones y a quien son comunicados los secretos, además de gran astrónomo y matemático, trasladado a los Cielos, líder sacerdotal antediluviano y escriba. Dícese que sus escritos fueron preservados por Matusalem y que sobrevivieron al Diluvio [4Enok92:1]. El Eclesiástico 44:16 lo llama “ejemplo de ciencia para todas las generaciones”. El sacerdote caldeo Beroso escribió de él en tiempos de Alejandro Magno, en el año 275 a.C.; es decir, en el año humano 4045 desde Adam. En el período intertestamentario las tradiciones enoquianas pasaron legendarias al llamado Libro 1 de Enok. También existen los Libros 2, 3, 4, 5 y 6 llamados de Enok. El Libro 1 de Enok se ha conservado en etiópico y griego; el Libro 2 de Enok en eslavo; el Libro 3 de Enok, sin embargo, no trata del Enok terrenal, sino de las visiones de la Merkabah contempladas por el rabino Ismael, el cual dice que en su visita al Cielo se encontró con Enok el hijo de Jared en la forma de Metatrón. El Libro 4 de Enok son fragmentos arameos. El Libro 5 de Enok son fragmentos coptos. Estos dos últimos se relacionan con el primero. El Libro 6 de Enok consiste de fragmentos en copto sahídico hallados en Asuán en 1909 y publicados por Munier. También hay noticias de la tradición enoquiana en los Textos del Qumram, principalmente de la Cueva 4. La Pistis Sofía también se refiere a Enok como escritor. Mahoma, en el Corán, se refiere a Enok como el sabio. Ver también [Jubileos 4:16-29]. El Liber Antiquitatum (1:15) llama a los hermanos de Enok: Lead, Anac, Soboa y Yetar; y a sus hermanas: Tetseco y Lesse.

[30] Judas Tadeo Lebeo 1:14-16; [1Enok1:9; 5:4; 27:2; 60:8; 93:2], [Jubileos 7:38,39].

[31] Matusalem, también conocido como Ubartutu, y Otiartes. Su esposa: Edna.

[32] Lamek setita, también conocido como Sukurlam, Shurupak, Imir y Hamsa.

[33] Noé, también llamado Utnapishtim, Ziudsuddu, Ziusudra, Siugigu, Xixitros, Atrakasis, Manu, Du Mu, Paupan Nan-Chaung, Deucalión, Belgermer, Coxcox, Teocipactli, Tepsi, Merewana, Sigu, Uassu, Tamandaré, Tamanduare, Tamendonare, trow, Tiu, Lohero, Qat, Noh, Nu-u. Su esposa: Emsara, Mysr, Msrh, Hmdrh Mswrh, Pirra.

[34] 1Pd.3:18-22.

[35] Gn.5:22 a 9:29.

[36] El nombre Abraham, en Tablilla de Dilbat: Aba(m)rama; en Textos de execración egipcios: Aburahana.

[37] Gn.11:10 a 12:1-3; Gal.3:8.

[38] Gn.15:1 a 35:29; Rom.4:16-22; Gal.4:21-31; Heb.11:19.

[39] Gn.26:2-5; 28:10-15.

[40] Gal.4:21-31.

[41] Rom.9:6-8,25-33; Gal.6:16.

[42] Gn.49:8-12.

[43] Col.2:16,17; Heb.10:1.

[44] Dt.18:15-19; Jn.1:21-23; Hechos 3:22-26.

[45] Num.24:15-17.

[46] Ex.3:1-22.

[47] Gn.16:1-15.

[48] Gn.32:22-32.

[49] Miqueas 5:2.

[50] Ex.23:20-23; 1Cor.10:4.

[51] Jos.5:13-15.

[52] Heb.3:17 a 4:11; Mt.11:25-30; Col.2:16,17.

[53] Jue.2:1-5.

[54] Job 38:1 a 41:34.

[55] Gn.2:16,17; 3:17-19; 4:6,7,9-12,15; 6:13-21; 7:1-4; 8:15-17; 9:1-17; 12:1-3; 13:14-17; 14:17-20; 17:1-21; 18:1-33; 21:12,13; 22:1,2,11,12,15-18; 26:2-5,24; 28:10-26; 31:3,24; 32:22-28; 35:1,9-12; 37:5-7; 40:5-13; 41:12-40; 48:3,4,13-20; 49:1-27.

[56] Jue.13:2-23.

[57] 1Sam.8:1 a 16:13.

[58] David, en la Estela de Tell-Dan de Hasael, descubierta por Abraham Biram.

[59] 2Sam.7:1-17; Salm.89:1-37; 1Cr.17:1-5; Jer.23:5; 33:15; Ezq.34:23; Os.3:5; Hchs.2:25-36; 13:21-23,34; Mt.1:1; 21:9; Lc.1:26,32; Rom.1:1-5; 2Tim.2:8; Ap.5:5; 22:16.

[60] 1R.6:1-38; 2Cr.3:1 a 7:22; Hchs.7:47-50; Jn.2:19-22; 1Cor.6:19; 2Cor.6:16; Ef.2:20-22; Heb.3:6; 1Pd.2:5; Ap.3:12; 21:3,10,11,14.

[61] Gn.18:18; 22:18; 26:4; 1Cr.16:31; Salm.2:8; 18:49; 22:27,28; 46:10; 47:8; 57:9; 67:2,4; 72:11,17; 82:8; 86:9; 96:3,10; 102:15; 108:3; 113:4; 117:1; 126:2; Is.2:2,4; 5:26; 11:12; 42:1,6; 49:6; 52:15; 55:4,5; 60:3; 61:11; 65:1; 66:12,18,19; Jer.1:5; 3:17; 4:2; 16:19; 18:8,9; Ezq.36:23; 38:16,23; 39:7,21,23,27; Miq.4;2,3; Sof.2:11; Hag.2:7; Zac.2:11; 8:22; 9:10; Malq.1:11,14; Mt.28:19,20; Mr.16:15,16; Lc.24:47; Jn.10:16; Hchs.11:17,18; 13:46-48; 15:13-32; 16:4; 22:17-21; 26:15-20; 27:23,24; Rom.1:5; 9:24-26; 10:11-13,18-20; 11:25; 15:8-12,15-21; 1Cor.12:13; Gal.3:25-29; Ef.2:11-22; 3:6; Flp.3:3; Col.3:10,11; 1Tes.2:14-16; Ap.5:9,10; 7:9-17; 14:6; 21:24-26.

[62] 1R.5:5-18; 2Cr.2:3-16; Hchs.9:36 a 10:48.

[63] Gal.3:14.

[64] 2Cr.5:2-12.

[65] Hchs.1:15; 2:1-12.

[66] 2Sm.23:3,4.

[67] Hchs.2:30.

[68] 1Pd.1:11.

[69] Salm.41:9; Mt.26:24; Mr.14:21; Lc.22:22; Jn.13:18; 17:12.

[70] Salm.22:1,6-8,12-18,22.

[71] Salm.16:8-11; Hchs.2:25-33.

[72] Salm.16:10; Is.53:10-12; Os.6:2; Salm.110:1; Mt.22:44; Mr.12:36; Lc.20:42,43, Hchs.2:34,35; 1Cor.15:25; Ef.1:20-22; Col.3:1; Heb.1:13; 8:1; 10:12,13.

[73] Job 19:25,26.

[74] Is.7:14; Mt.1:23.

[75] Is.9:6,7.

[76] Is.11:1-10.

[77] Is.32:1,2.

[78] Is.35:4-10; Mt.11:4.6; Lc.7:21-23; Jn.14:4-6; Hchs.9:2; 18:26; 19:9,23; 22:4.

[79] Juan el Bautista, Mt.3:1-17; 4:12; 9:14-17; 11:1-19; 14:1-12; 16:14; 17:13, 21:25-32; Mr.1:1-14; 2:18; 6:14-27; 8:28; 11:30-32; Lc.1:13-63; 3:2-20; 5:33; 7:18-33; 9:7-19; 11:1; 16;16; 20:4-6; Jn.1:6-40; 3:23-27; 4:1; 5:33-36; 10:40,41; Hchs.1:5,22; 10:37; 11:16; 13:24,25; 18:25; 19:3,4; ver en Antigûedades de los Judíos, Libro XVIII:5:2, de Josefo.

[80] Is.40:3; Malq.3:1; Jn.1:23.

[81] Is.42:1-7; Mt.12:18-21.

[82] Is.52:13 a 53:12; Hchs.8:30-35.

[83] Is.61:1-3; Mt.5:4; 11:5; Lc.4:18,19; 7:22.

[84] Is.63:1-6; Ap.19:13.

[85] Jer.23:5,6.

[86] Jer.31:33; Heb.10:15-17.

[87] Ezq.11:19; 18:31; 36:26,27.

[88] Ezq.1:26-28; 10:1.

[89] Os.6:2.

[90] Joel 2:28-32; Hchs.2:16-21.

[91] Jonás 1:17; Mt.12:40.

[92]Miq.5:1-5º.

[93] Hab.3:3-18.

[94] Hag.2:6,7.

[95] Dn.2:1,25,29-45; 7:1,9,10,13,14,18,22,26-28; 8:1,11,25; 9:1,26; 10:1; 11:22

[96] Nabucodonosor, en 2R.24:1-11; 25:8-22; 1Cr.6:15; 2Cr.36:6-13; Esd.1:7; 2:1; 5:12-14; 6:5; Neh.7:6; Est.2:6; Jer.21:2-7; 22:25; 24:1; 25:1-9; 27:6-20; 28:3-14; 29:1-3; 32:1-28; 34:1; 35:11; 37:1; 39:5-11; 43:10; 44:30; 46:2-26; 49:28-30; 50:17; 51:34; 52:4,30; Ezq.26:7; 29:18,19; 30:10; Dn.1_1.18; 2:1-46; 3:1-28; 4:1-37; 5:2-18; ver Ant.Jud.X:6:1-2, Josefo; Crónicas de los Reyes Caldeos, publicadas por Wiseman y Parrot.

[97] Artajerjes I Longímano, Esd.4:7-23; 6:14; 7:1-21; 8:1; Neh.2:1; 5:14; 13:6.

[98] Acerca de un análisis detallado de la profecía y genuinidad del Libro de Daniel, remito al lector al libro de este mismo autor, titulado: “Roma en la profecía de Daniel”; Ciudad del Este 1983.

[99] Zac.9:9-11.

[100] Zac.11:12,13.

[101] Zac.12:10b.

[102] Zac.14:3,4,5c,9.

[103] Malq.3:1


RELACIÓN ALREDEDOR DEL HEPTAEMERÓN

julio 29, 2008

Elohim, el Eterno y Altísimo Adonay, encabezó al principio, con Su Verbo y con Su Espíritu paterno-filial, la creación de todas las cosas del mundo invisible y del visible.

Con el ylem caótico que resultó del juicio sobre el querubín Lucero y la tercera parte de los ángeles, que se rebelaron contra Yahveh Adonay Elohim Elyon en la creación ex-nihilo primigenia, hizo, formó y compuso Elohim, en la creación, con Su palabra y moviéndo en órbita sobre el ylem, la buena luz, el buen día y la buena noche cósmicos, los cielos primero y segundo (pues el tercero aún permanecía desde la expulsión de Lucero y sus huestes), los mares acumulados, la buena y’vasha-erets-adama, los buenos min, las buenas plantas, los buenos astros y constelaciones, zodiacales o no, las buenas señales, las buenas estaciones, la buena sucesión de los días, las semanas, los meses, los años, los eones.

Y creó también Elohim los buenos seres nefésicos vivos, las buenas aves marinas, los buenos grandes tanines y todo buen animal que rebosa a miriadas las mojadas, mandando a éstas producir. E hizo Elohim buenas minas de vivientes nefésicos, buenas minas de behemot y buenas minas de remesas de adama, mandando a y’vasha-erets-adama producir.

Por fin hizo, formó y creó Elohim muy bueno adam de adama con cuerpo bazárico somático, y le insufló espíritu de vidas (biológica y almática) para que llegase a ser un viviente nefésico capaz de alimentar su espíritu de la vida eterna divina, de manera que pudiese contener, expresar y representar a Elohim en su propia imagen y semejanza.

Adam fue hecho en dos géneros para crecer, fructificar y multiplicarse, de manera que gobernase a y’vasha-erets-adama para Elohim, guardándola de Lucero y sus huestes, llevando la cultura del Edén a toda la y’vasha-erets-adama, el continente único primigenio, llamado luego por los hombres: Pangea, rodeado por el cúmulo de los mares. Y entonces, también, gobernase a las obras de las manos divinas, pues todo había de serle puesto por Elohim bajo las plantas de los pies.

Adam: zacar y neqeva, fueron, pues, probados por Yahveh Elohim, en los términos del pacto edénico. Vivirían por la vida misma de Elohim, complemento y sentido de la suya creada, y así cumplirían el propósito del Altísimo de tener hijos e hijas como Su propio Hijo Unigénito, de modo a hacerlo Primogénito entre muchos hermanos y hermanas semejantes; o si escogieran vivir por sí mismos, independientes de Yahveh Elohim, como se había rebelado Lucero arrastrando a un tercio de los seres angélicos, entonces se separarían de Yahveh Elohim, lo cual es la muerte, excluyéndose de la vida, gloria y economía divinas.

Y descansó el sábado Elohim de Su obra en la creación, y lo separó para sí, esperando que también el hombre, por alimentarse de Su vida divina, entrase también en Su reposo; aunque bien conocía de antemano Yahveh el dolor que el hombre mismo le produciría; pero menospreció al dolor y al oprobio, por el gozo inefable de al fin tener familia y reino eterno con los redimidos vencedores probados y aprobados, hechos semejantes a Su Hijo, y compañeros Suyos.

Del sacro y antiguo Toledot ha-shamayim v-et ha-erets (Relaciones de los cielos y la tierra), del sacro y antiguo Sefer toledot Adam (Libro de las relaciones de Adam), incorporados por Moisés a B’reshit, y de otros documentos sacros, hemos desentrañado esta relación. □ (Continúa, Dios mediante)…

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Teusaquillo, 2007, giv.

RELACIÓN SOBRE LOS DÍAS DE PELEG

julio 29, 2008

Después de la caída del hombre, y su expulsión del Edén, aunque con la promesa de redención mediante la Simiente herida de la mujer, la humanidad antediluviana se corrompió y mezcló con los nefilim, por lo que fue destruída mediante la catástrofe diluviana, con excepción de Noé y su familia en un arca, juntamente con gran variedad de animales. Tras el Diluvio, la humanidad entera entró en el pacto noético con Yahveh Elohim. Pero poco a poco comenzó de nuevo a apartarse de Dios. Nimrod lideró un movimiento de resistencia a Yahveh Elohim, fundando varias ciudades bajo su hegemonía, y conduciendo la construcción de un inmenso zigurat en cuya cúspide estuviese plasmada la concepción astrológica corrompida por los arcontes caídos, y donde serían copularmente de nuevo recibidos, para organización de un imperio único rebelde. Esto sucedió después de los días de Cainán II Sala semita, quien había nacido en al año 1693 desde Adam, y que engendró a Sala II, el cual nació en 1723; éste último fue el padre de Heber, quien cruzó el Eufrates, y fue el patriarca que dió nombre a los hebreos.

En aquellos días Yahveh Elohim juzgó de nuevo a la humanidad, que ahora seguía las directrices de Nimrod, confundiendo sus lenguas a partir de Babel, y esparciéndolos a lo largo y ancho de y’vasha-erets-adama, a partir de la tierra de Sinar en Sumeria. Y para asegurar su dispersión, no solo cultural sino también física, y estorbar con impedimentos su conspiración y conjura, por medio de una gran catástrofe, secuela de los movimientos telúricos diluvianos que siguieron a la mudanza de los polos magnéticos de la tierra, que mudó el clima y la configuración del continente llamado luego Pangea, y también Gondwana, escindió ahora también violentamente con grandes hendiduras la superficie seca de la tierra, dando lugar al paso masivo de las grandes corrientes oceánicas, y dando inicio a la deriva de los continentes, y que aún ahora continúa inexorable amenazando ruina, de la misma manera como habló Yahveh por Isaías en su profecía sobre las bestias del Neguev: “Porque desechásteis esta palabra, y confiasteis en violencia y en iniquidad, y en ello os habéis apoyado; por tanto, os será este pecado como grieta que amenaza ruina, extendiéndose en una pared elevada, cuya caída viene súbita y repentínamente. Y se quebrará como se quiebra un vaso de alfarero…” (Is.30:13, 14a).

Eran, pues, los tiempos del patriarca Heber. En los días de aquella gran catástrofe, le nació a Heber su primogénito; entonces, para conmemorar aquel terrible acontecimiento, le llamó a su hijo con el nombre de Peleg. Por eso está escrito en el sacro y antiguo Toledot Shem (Relaciones de Sem), también incorporado por Moisés en B’reshit, lo siguiente: “wl’Heber yuler sh’ny banim shem haejad Peleg ky b’yamayn nifelega haerets v’shem ajayv Yaqtan“. Lo cual significa: “Y a Heber nacieron dos hijos: nombrado el uno Peleg, ya que en sus días escindióse violentamente con hendiduras la tierra. Y nombrado su hermano Joctán” (Gn.10:25). Ésto aconteció en el año 1787 desde Adam, cuando Heber tenía 34 años.

El nombre Peleg viene del verbo “nifelega“, que significa escindir violentamente con hendiduras; “nifelega” es la conjugación en tercera persona singular del verbo “pälag“. Algunos traductores han traducido simplemente como “dividir”, dando a entender apenas como si se tratase de distribuir o repartir los terrenos. Pero en ese sentido nunca es usado el verbo “pälag“. El verbo que se usa en las Sagradas Escrituras para ese otro sentido de dividir, repartir o distribuir, es el verbo: “jälaq“, como en Josué 18:10; 22:8; 2º Samuel 19:29; Isaías 9:3. Todo esto lo argumentó muy bien en Exeter, Inglaterra, en 1937 d.C., el autor Benjamín Adam, en su libro: “Historia del Paganismo”. En cambio, la expresión hebrea “pälag“, está cercana a “pä’ah“, que significa despedazar. También la raíz hebrea “pele’” significa acontecimiento extraordinario y demasiado difícil e increíble, que causa estupenda destrucción; como lo explica el profesor Víctor P. Hamilton en el Diccionario Internacional de Teología del Antiguo Testamento.

Acerca de la antigüedad de la Tableta del sacro Toledot Shem, el profesor de antropología Arthur C. Custance, M.A., Ph.D. (1910-1985), en su libro: “Orígenes de las Naciones”, la demuestra al exponer los muchos indicios de arcaicidad, tales como: el apenas incipiente desarrollo jafetita, el ensalzamiento cusita de los camitas en vez de Mitzraim, el silenciamiento de Tiro al lado de Sidón, la existencia de Sodoma y Gomorra como ciudades aún contemporáneas al escritor, la dedicación especializada a los joctanitas que decayeron en tiempos posteriores, al mismo tiempo que el silencio acerca de la descendencia de Peleg, de quien proviene nada menos que Abraham, la ausencia a cualquier referencia a Jerusalem, la cual es apenas conocida con el viejo nombre de Jebús. Cosas impensables para un supuesto escriba elohista o sacerdotal de los tiempos judíos tardíos a que atribuyen el documento los críticos escépticos de la hipótesis documentaria.

La deriva de los continentes por la rotación de la tierra y las presiones oceánicas, de que nos da noticia el Toledot Shem, documento arcaico semita (Gn.10:1b – 11:10a), tan evidente a simple vista cuando se observa la coincidencialidad de los bordes periféricos continentales, y los amontonamientos montañosos de las placas tectónicas, por ejemplo, hacia el norte en la cadena de los Himalayas, y hacia el occidente en la cordillera de los Andes, etc., comenzó a ser reconocida desde Alemania, en 1912, por Alfred Wegener, quien además señaló las coincidencias paleontológicas de la fauna y la flora, fracturadas por los hundimientos tectónicos, como en el caso de la morfología del nordeste brasilero y el golfo de Guinea; si bien, para varios casos, se hace necesaria una mayor consideración de los zócalos continentales. Las cadenas montañosas septentrionales de Noruega y Escocia tienen continuidad en Groenlandia y Canadá. El antiguo clima tropical boreal ha sido demostrado por los yacimientos de carbón, y la distribución generalizada del helecho glossopteris fósil. El aislamiento de la fauna australiana salvó a los marsupiales de los depredadores que en otras latitudes los extinguieron; aunque también se han descubierto fósiles marsupiales en la Antártida. Se está previendo también la separación de Sudamérica, y la unión de los océanos Pacífico y Atlántico. La consideración de las rocas imantadas ha demostrado que sí hubo un cambio de los polos magnéticos del planeta, como el que pudo darse en el Diluvio y otras ocasiones, y como los que se esperan en la apertura del sexto sello por el Cordero de Dios, y al derramarse la séptima taza apocalíptica. El providencial movimiento de la litosfera nos ha traído, pues, hasta aquí, donde nos ha tocado vivir nuestra historia. □

(Continúa, Dios mediante)…

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Teusaquillo, 2007, giv.

RELACIÓN MIGRATORIA TUBALÍ-SINEA

julio 29, 2008

La Tableta del Toledot Shem [Relaciones de Sem] dice inspiradamente: “B’ny Yefet: Gomer wMagog wMaday wYavan wTubal wMeshek wTyras” (Gn.10:2). Lo cual significa: “Hijos de Jafet: Gomer y Magog y Maday y Javán y Tubal y Mesek y Tiras”. También dice inspiradamente: “wK’nahan yaled et-TSydon b’koro wet-Jet wet-haY’busy wet-haAmory wet-ha Girgashy wet-haJivy wet-ha Har’qy wet-haSyny wet-haArvady wet-TS’mary wet-haJamaty v’ajar nafotsu mishpjut haK’nahany” (Gn.10:15-18). Lo cual significa: “Y Canaán engendró a Sidón su primogénito y a Het y al Jebuseo y al Amorreo y al Gergeseo y al Heveo y al Araceo y al Sineo y al Arvadeo y al Zemareo y al Hamateo y después dispersáronse familias de los Cananeos“.

Por su parte, el Libro de los Jubileos, de la época macabea, pero conteniendo tradiciones anteriores, nos informa: “Supo Cam que su padre había maldecido a su hijo menor y se ofendió con él, pues había maldecido a su hijo. Se separaron de su padre él y sus hijos: Cus, Mitsraim, Fut y Canaán, y se construyó una ciudad a la que dio el nombre de su mujer: Nahlatmehoc. Jafet, al verlo, tuvo celos de su hermano y construyó él también una ciudad a la que dio el nombre de su mujer: Adatnese. Pero Sem se quedó con su padre Noé, junto al cual construyó una ciudad en el monte, a la que dio asimismo el nombre de su mujer: Sedacatlebab. Estas tres ciudades estaban cerca del Monte Lubar: Sedacatlebab ante la falda oriental; Nahlatmehoc al sur, y Adatnese al oeste” (Jub.7:13-17). Al-Tabarí informa que Nahlatmehoc y Adatnese eran hijas de los antediluvianos Marub Ibn-Dermesil Mahuelita y Marazyl Ibn-Dermesil Mavielita respectivamente (Tab.202). El Monte Lubar es uno de los de la cadena Montañosa del Ararat. La costumbre de construir ciudades colocándoles nombres familiares había sido iniciada con Caín, el cual llamó a su primera ciudad con el nombre de su hijo Enok Cainita. Fue conocida como Unuk, y entonces como Uruk, Erek y Warka, la segunda después de Eridú que le precedía en dignidad.

Tubal fue el quinto hijo de Jafet y Adatnese, muy apegado a su siguiente hermano Mesek. Por su parte, Sin fue el octavo hijo de Canaán Camita, nieto de Cam y Nahlatmehoc, muy apegado a su vez su clan con los de sus hermanos Het y Araq. Estos dos, Tubal y Sin, fueron los principales patriarcas de los principales clanes que emigraron desde Siberia y China hacia la América pre-colombina. Otros emigrantes hubo también además; pero Tubal y Sin son quienes marcan la pauta genética mayor y primigenia. El Liber Antiquitatum, cuya última redacción como midrás suplementario al canónico Crónicas, fue, a más tardar, por la época de la destrucción de Jerusalem en el año 70 d.C., con tradiciones anteriores, falsamente atribuído en el Renascimiento a Filón de Alejandría, y que fue popularizado con ese título desde Basilea por la edición de Juan Ricardo en 1527, y emparentado con las Crónicas de Yerajmeel (ms.heb.1300), nos informa acerca de tres hijos de Tubal: su primogénito Fanata, y sus hermanos Nowa y Awa (L.A.4:2). El mismo extenso documento, que tiene 65 capítulos, nos informa también acerca de un antiquísimo Censo Jafetita realizado por Fenek, en tiempos de Nimrod, en el que aparecen contabilizados 9.400 descendientes de Tubal. Por su parte, el Censo de Nim-Marad, atribuía al clan del patriarca Sin, unos 3.000 hombres (L.A.5:4,5). El patriarca legislador Sin pertenecía a una generación posterior en relación con Tubal.

El 15 de Adar del año 3722 desde Adam, el profeta Ezequiel profetiza en nombre de Yahveh endechas sobre la multitud egipcia, y hace mención inspirada allí de la violencia de la multitud de Mesek y Tubal, por lo cual estos dos y su multitud se encuentran en el Seol: “Allí Mesek Tubal, y toda su multitud; sus alrededores: sus sepulcros; todos ellos incircuncisos, muertos a espada, pues sembraron el terror en la tierra de los vivientes. Y no yacen con los héroes caídos de los incircuncisos que descendieron al Seol con sus armas de guerra, poniendo sus espadas bajo sus cabezas; mas están sus iniquidades sobre sus huesos, porque fueron terror de héroes en tierra de los vivientes” (Ezq.32:26,27). Acerca de este tipo de violencia, nos dicen los textos hititas que Telepino abandonó furioso a su popia gente, llevándose las semillas y ganados, destruyendo villas, hacia las estepas hasta Lihzina, dejando desolación, hasta que fue atacado por abejas y obligado a regresar a su pueblo por las oraciones de su madre. A su retorno, sirvió a su pueblo. Adatnese es llamada también Anajana, Arinna, Irina, Iranana. El profeta Ezequiel profetiza además para los tiempos finales a Gog tierra del Magog, príncipe ruso de Mesek y Tubal, que con muchos pueblos serían quebrantados al avanzar contra Israel (Ezq.38:1ss).

Del nombre de Tubal proviene el de su clan, conocido también como Tipal en inscripciones hititas, Tabal o Tabâli o Tubla en los textos asirios, Tiber o Íber de los Tiberianos según Herodoto, Tibareni en los clásicos, Thobel de los Thobelitas, según Josefo, raíz de los Íberos. Tiglat-Falasar I hace mención en sus anales de aquellos Tubalitas que presionaban a la misma Mesopotamia. Tiglat-Falasar II relaciona en sus anales a 24 reyes de la tierra de Tubal que le rendían tributos en tiempos del imperio Asirio. Herodoto, en sus Nueve Libros de la Historia, y Jenofonte, en su Anabasis, sostienen que los clanes de Tubal emigraron inicialmente hacia la orilla meridional del Mar Negro. Mesek y Tubal llegaron a conformar la Satrapía # 19 del imperio persa en días de Darío. Algunos emigraron más al occidente hacia Italia alrededor del Tíber que recuerda su nombre, de donde siguió la emigración occidental hacia España como los primeros Íberos, según lo narra el historiador Josefo. Pero la migración principal no fue la occidental, sino la nororiental. Junto con los clanes de Mesek, los de Tubal emigraron hacia Rusia. Los clanes de Mesek dieron origen a los Moscovitas, y los de Tubal se extendieron por las estepas de Siberia. El nombre de Tubal es recordado allí en el nombre de la gran capital de la Rusia Asiática denominada Tobolks. La onomástica Tubal, Tabal, Tabâli, Tipal, Telepino, Tubla, Tobolks, Thobel, Tepaneco, Iber, Tiber, Tubareni, Tibareni, Sibareni desemboca en Siberia. La población original de Siberia fueron los Tubalitas, quienes fueron los principales emigrantes a la América precolombina. Tenochtitlan era la capital pre-azteca del pueblo llamado con el nombre de Tepaneco.

Bryan Sykes, profesor de genética de la universidad de Oxford, y consultor científico del Parlamento Británico, narra su epopeya del avance de la genética en su importate libro: “Las Siete hijas de Eva”. Por medio del ADN mitocondrial se conoce la historia genética de las migraciones de la humanidad. Por ejemplo, se demostró que la variante 247 del ADN mitocondrial polinesio no era tan abundante en América precolombina, como se había supuesto. El seguimiento del cromosoma Y dio los mismos resultados del ADN mitocondrial. Uno de cada cien de los pobladores nativos de América proviene de una sola madre a través de Siberia (Ver la epopeya genética de Xenia en la obra mencionada de Brian Skypes). La secuencia genética siberiana está emparentada a la finesa, que a la vez se conecta a la de América del Sur, desde el Ártico hasta el Brasil. También por medio de una sola mujer progenitora de Armenia está conectado el europeo común con el resto del mundo en el ADN mitocondrial. Por medio de la reconstrucción genética se llega al resultado de que la colonización del resto del mundo provino de apenas uno de 13 clanes que moraban en África (Ver la epopeya genética del clan de Lara, según B. Skypes). El seguimiento genético permite deducir las migraciones tubalitas y sineas hacia América precolombina, siguiendo la principal línea desde Ucrania, por Mongolia, hacia América. Al respecto, Bryan Skypes se atreve a concluir después de rigurosa investigación en todo el globo: “Podemos tener la certeza absoluta de que fue de allí que partió la colonización de las Américas. Cuatro clanes mitocondriales dominan la genética de los nativos americanos. Todos los cuatro fueron reconstruídos con facilidad y hay vínculos genéticos obvios con personas que viven hoy en Siberia y en el centro-norte de Asia…Hubo dos períodos en que hubo un puente de tierra continua entre Siberia y Alaska…La frecuencia genética de los americanos nativos modernos favorece el más reciente…Reconstrucciones a partir de padrones siberianos y mongoles muestran con mucha claridad que los clanes ya estaban bien separados unos de los otros antes de que llegasen a América. Lo mismo se aplica al quinto extraño clan, aquel de Armenia, al que pertenece el 1% de los americanos nativos. Como ya vimos, aquel clan tuvo su origen en la frontera entre Europa y Asia ” (pg.323, 324). La ausencia del clan armenio en las muestras de Siberia y Alaska, hace pensar en una nueva oleada migratoria por el litoral asiático, las islas Aleutianas y el Pacífico. Tenemos además los importantes clanes sineos.

El patriarca Sin, recordado como gran legislador, y héroe “deificado” por la posteridad, según la costumbre principalmente camita, fue llamado “señor de las leyes, ordenador de las leyes de cielo y tierra”. Sin estableció su clan primigenio primeramente en la región del Líbano cerca a su hermano inmediatamente anterior: Araq. La ciudad primera fue llamada conforme a su onomástica: Syan, y aparece en los textos cuneiformes como Sianu. Parte de su clan emigró hacia el sur rumbo a la península que entonces tomó el nombre de Sinaí. Pero mayormente el contingente sineo se esparció dirigiéndose al oriente, primeramente rumbo a Sumeria, donde fue recordado en la onomástica de Abi-Sin, Naran-Sin y Senaquerib. Se asoció a los clanes hititas, llamadas Jaty, y Cathay, desplazándose hacia el lejano oriente, especialmente tras la caída del imperio Hitita. Los hititas del norte se mezclaron con los indoeuropeos, pero siempre hubo entre ellos un importante contingente de elevados pómulos, ojos oblicuos y craneos mongoloides, los del centro y sur, tal como aparecen en las representaciones gráficas. Debe notarse que las estructuras sintácticas sumerias son semejantes a las chinas y a las turcas. Ahí podemos ver la simbiosis hitita-sinea. Los chinos remontan su civilización a la ciudad capital de la provincia de Shensi situada a orillas del rio Wei que se dirige hacia el rio Amarillo. El nombre de su capital primigenia ha sido Siang-fu, lo cual significa: Padre Sin. Su primer rey fue conocido como Fu-hi de los montes Chin. Los escitas, que comerciaban con ellos, los referían como Sinae, y a su capital comercial occidental como Thinae o simplemente Thsin. Ya para la época del profeta Malaquías, la dinastía Tsin era suprema en el imperio Chino. Cuatro siglos antes de Malaquías, el profeta Isaías se refiere a ellos como Sinim (Is.49:12). Ha habido un buen número de investigadores que ha recuperado tales huellas; tales como J. Inglis (1877), C. A. Gordon (1889), C. R. Conder (1890), W. Boscawen (1896), A. Dillman (1897), W. J. Perry (1937), Arthur C. Custance (1975), de quienes nos declaramos abiertamente deudores, y sobre cuyos hombros estamos.

Por la misma época de las migraciones coreanas a Japón, los Jomon y los Yayoi, acontecieron las migraciones asiáticas hacia América. De los Jomon descendieron los Ainu. Hubo además otra ruta migratoria sinea por los litorales arábigo, pérsico y paquistaní, de la cual una mínima parte pasó por Australia hacia América. Los isleños de las islas Marquesas dicen que sus ancestrales trajeron sus cocoteros del noreste; es decir, América. Pero, por la prueba genética, los polinesios migraron principalmente a partir de Taiwán. La religión de la América precolombina tiene el sello del Asia. Ilustraciones artísticas de Quetzalcoatl tiene trazos budistas. Las tradiciones hindúes Naga y las draconianas sino-japonesas se corresponden a la cultura Tlaloc. La especie de elefante típica de la India aparece representada en la cultura maya centroamericana; la secta Shin japonesa identifica a Tengú con el elefante Ganesha; y el cronista Fray Pedro Simón sostiene que en Mbacatá (Bogotá) era venerada por los Muiscas una “costilla de camello”. El ciclo de las 4 edades “Yugas” orientales procedente de la India (Mahabharata), por la China, es el mismo de México (Códice Vaticano de pinturas mejicanas que hablan también del Diluvio y de la Gran Torre, llamando Chululan a Nimrod). De Babilonia y Egipto, por la India y China, hacia la Tartaria, el Tíbet y Mongolia, fluyeron doctrinas de la “civilizacióin” sinea hacia la América precolombina. Los Mayas colocaban las vísceras de los muertos de la misma manera como los egipcios en sus vasijas dedicadas a Horus. Por eso no es extraño que Timágenes, Solón, Platón, Proclo, Amiano Marcelino, Diodoro Sículo, mostrasen conocimiento de las tierras más al occidente del Atlántico. Cuando el misionero jesuita Pedro Grellon llegó al Asia Central encontró en Tartaria a una mujer de los indios hurones de norteamérica que había llegado allí por el estrecho de Bering. Los Muiscas de la Sabana de Bogotá, al igual que los Kunas del Darién, y los Mayas de Chiapas y Yucatán, de la misma manera que los habitantes de las Islas Aleutianas que suben del Asia hacia Alaska, embalsaman a sus muertos con los mismos métodos; La cultura Su-Shen ligaba Corea, Siberia y América; y en cada lugar eran comunes sus corazas de hueso; ¿coincidencia? El profesor Elliot Smith siguió el rastro de los Pieles Rojas hasta más allá del Mar Caspio. Los antiguos japones incluían América en sus mapas antes de Cristobal Colón. De estas y muchas más correspondencias nos habla Donald A. Mackenzie en su “América Precolombina”.

He aquí, pues, la relación migratoria tubalí-sinea, central entre sus concomitantes, preparada para la primera camada cristiana precolombina.

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Teusaquillo, 2007, giv.

LA SATANIZACIÓN DE LA NAVIDAD

julio 29, 2008

El concepto original de la Navidad era ciertamente profundo; aunque por su mismo significado y tenor, también destinado a la más trascendental controversia; lo cual explica la paulatina satanización de la navidad. La palabra “navidad” es una contracción de la otra palabra “natividad”, y se refiere al nacimiento de la prometida Simiente de la Mujer que aplastaría la cabeza del dragón serpiente, emperador de la muerte, a costa de Sus heridas, Su muerte expiatoria, pues sería herido en el calcañal cuando aplastase la cabeza de la serpiente.

El origen primigenio de tal concepto proviene del híper arcaico documento titulado Sefer toledot Adam, o “Libro de las Relaciones de Adán”, incorporado y actualizado bajo divina inspiración por Moisés en Br”shit de la Torah, comúnmente llamado Génesis, libro primero del Pentateuco. Tal documento híper-arcaico es la segunda de las relaciones incorporadas y actualizadas bajo divina inspiración por Moisés, y aparece después de Toledot ha-shamayim v-et ha-erets, o “Relaciones de los Cielos y la Tierra”, que contiene los primeros orígenes y el Heptaemerón (o Siete Días) de la hechura y composición de los cielos y la tierra. El Sefer toledot Adam, según la capitulación y versificación alta-medieval de Canterbury, va desde Gn.2:4b hasta Gn.5:1a. En el pasaje 3:14-15, un verdadero proto-evangelio, está escrito lo siguiente: “Y Yahveh Elohim dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; Ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” [negritas de éste autor].

Dios promete, pues, a la serpiente, a quien el apóstol Juan en el Apocalipsis llama también divinamente inspirado: “el dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás” (Ap.12:9), que la Simiente de la Mujer aplastaría su cabeza, aunque fuese herido. Tal herida en el calcañal equivalía a Su muerte expiatoria para redimir del pecado y de la muerte al hombre, que había sido introducido en ellos por el querubín caído Luzbel. Tal expiación fue prefigurada en el sacrificio del animalito con cuyas pieles se recubrió la desnudez disfrazada de nuestros padres primigenios. Es esa la razón por la cual Eva, cuando parió a Caín, dijo exaltadamente: “Por voluntad de Yahveh he adquirido varón” (Gn.4:1). Caín significa adquirido. Probablemente Eva pensaba que Caín era ya la simiente prometida. De tal manera, Caín sería el primer prototipo de falso cristo, el cual asesinó a su hermano Abel, el cual sí se cobijaba, como lo fueron sus padres, con el sacrificio expiatorio de lo más gordo de sus ovejas, prefiguración del sacrificio de Cristo. Pero a diferencia del posible pensamiento de Eva, lo que realmente comenzó a acontecer en la pre-figurativa historia de Caín y Abel, fue el inicio de la enemistad prometida por Dios entre dos líneas, la de la serpiente y la de Dios.

También Caín, bajo inspiración maligna, se anticipó y apresuró a llamar Enok, iluminado, a su primogénito; pero el verdadero iluminado de Dios fue el Enok descendiente de Set, el cual también profetizó de la futura venida de Aquel que aplastaría la cabeza de la serpiente. El Enok cainita era un falso iluminado, al igual que su padre Caín no era la verdadera simiente prometida. Pero el Enok setita sí profetizó por inspiración divina: “De éstos (los impíos) también profetizó Enok, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra Él. Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho” (Jd.1:14-16). La historia de este Enok setita era conocida también por los sumerios y caldeos, llamándolo en su idioma como: Enmenduranna de Sipar, según el Prisma Well-Blundell (W:B:444, 62) con el catálogo de personajes antediluvianos, y otros documentos. Por su parte, el antiguo historiador de los caldeos, de nombre Beroso, se refiere a Enok setita como: Evedoranjos de Pautibibla, también llamado Emenduranki. Tales tradiciones pasaron en el período intertestamentario a los cuatro conocido libros del Ciclo de Enok: el etiópico-griego, el eslavo, el hebreo y el arameo, además de los fragmentos coptos. El hermano de Jesucristo, Su apóstol Judas Tadeo Lebeo, por inspiración divina entresaca de tal tradición lo fundamental. Por esa misma época, el rabino Ismael acrecienta tal tradición con sus “visiones” de la Merkabah.

A su vez, también Lamek setita, padre de Noé, tenía la esperanza de que éste fuese algo así como la simiente prometida (Gn.5:28-29, del Toledot Nojá); pero Noé fue apenas una prefiguración típica, pues salvó a la humanidad en el arca durante el Diluvio. De lo cual el apóstol Pedro enseña que es una prefiguración del bautismo en Cristo (1Pd.3:20-23). Pero pasado ya el Diluvio, aparece otro prototipo del anticristo: Nimrod, o Nino, quien está detrás de la llamada civilización de Nim-Marad, equivalente a Sumeria. Su esposa Semirámis, tras la muerte trágica de aquel, deifica al héroe mediante el espiritismo; y de allí surge la matriz mitológica de la madre esposa del niño, pues Semiramis consideró a Nimrod como Zeroasta; es decir, la simiente prometida. Remito en este respecto al lector al capítulo 7 del libro “Perspectiva del hombre”, de este mismo autor: “Relaciones histórico-mitologales”. De tal trasformación mitológica bien nos informa Alexander Hislop, con su abundante bibliografía, en su encomiable libro: “Las Dos babilonias”, el cual le costó la vida, pues lo mataron por eso en 1854. Basado en él, y otros estudios históricos, luego Ralf Woodrow escribe su famosa “Babilonia, Misterio religioso”, donde nos informa de la paganización de la cristiandad periférica a partir de Constantino.

Pero no nos adelantemos tanto todavía. Inmediato a la época de Nimrod, aparece Abraham, padre de la Fe. A Éste se le promete que en su simiente serían bendecidas todas las familias de la tierra. De modo que la Simiente de la Mujer sería también Simiente de Abraham; y así sucesivamente, vendría por la línea de Isaac, de Jacob Israel y de la tribu de Judá. Y entonces también de la familia de Isaí y del rey David. En días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes Judá, profetizan Isaías y Miqueas acerca de tal nacimiento. Isaías profetiza: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: he aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará Su nombre Emmanuel (Con nosotros Dios)…/…Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre Su hombro; y se llamará Su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de Su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre Su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Yahveh sabaot hará esto” (Is.7:14; 9:6-7).

Por su parte, Miqueas profetiza: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel” (Mq.5:2-3). De modo que, por una parte, Isaías acrecienta al cuadro profético el hecho de que la Simiente de la Mujer que vendría por Abraham, Isaac, Israel, Judá, Isaí y David, sería realmente una simiente de mujer; es decir, de una joven doncella virgen. Lo cual sería la señal divina. Y Miqueas, por su parte, acrecienta que nacería en la ciudad de Belén de Judá. Esto lo profetizan Isaías y Miqueas más de 700 años antes del nacimiento de Jesucristo, como consta en la documentación desenterrada por la arqueología en Qumram y otros lugares. Miqueas da a entender además que la venida del Mesías sería en dos etapas: una primera, desde Belén, para sufrir como expiación; pero los dejaría por un tiempo esperando el parto espiritual del pueblo de Dios. Entonces, tras la formación de Cristo en Su iglesia, y la conversión de Israel para ser reinsertado en su propio olivo, regresaría para reinar, ya no a Belén, sino al monte de los olivos, también según otras profecías.

El significado profundo de la navidad, o natividad, es el recibimiento del nacimiento del Mesías en Belén, quien vino para deshacer las obras del diablo. Por eso el dragón, según Apocalipsis, se para frente a la Mujer, con la intención de devorar al niño tan pronto nazca. Y ahora no es el turno ni de Caín, ni de Nimrod, sino de Roma por mano de Herodes, llamado por los suyos, el grande, para levantarse contra el Ungido de Dios. Pero avisados sobrenaturalmente huyen a Egipto. Tras la conversión de Constantino, emperador romano, la serpiente procura entonces mimetizarse en la paganización de la cristiandad periférica. Continúa el paganismo barnizando de nombres cristianos las fiestas paganas, y eso con la connivencia de líderes contemporizadores y de corta visión. El solsticio de invierno en el hemisferio norte, señalado con una aureola solar especial, da lugar a la fiesta del sol invicto, de trasfondo mitraico, tan apreciado por Carlos Gustavo Jung, gurú de la nueva era, que es la vieja era de nuevo. La fiesta del sol invicto, pues que al Mesías se le llama en las Sagradas Escrituras: El Sol de Justicia, es convertida entonces en la celebración del nacimiento del niño Jesús, pero fuera de connotaciones verdaderamente cronológicas, sino apenas temáticas.

El aspecto cronológico verdadero del nacimiento de Jesucristo es el siguiente: El sacerdote Zacarías, casado con Elizabeth, la pariente de la virgen María, pertenecía a la clase de Abías, la octava clase entre los 24 turnos sacerdotales establecidos por David. A cada clase correspondían 15 días entre los 360 del año lunar para ejercer la liturgia sagrada en el santuario. La clase octava, la de Abías, a la que pertenecía Zacarías, padre de Juan el bautista, completaba su liturgia al terminar el cuarto mes, rebyhy. El año bíblico y cósmico comienza en el equinoxio de primavera, cuando brota la vida, según voluntad de Dios expresa a Israel en la Torah (Exodo 12), en el mes de Abib Nisán, entre la segunda quincena de marzo y la primera de abril. Tras los meses (1) Abib Nisán, (2) Zif, (3) Siván y (4) rebyhy, al terminar su liturgia Zacarías, concibe su esposa Elizabeth, y al sexto mes de Elizabeth concibe María por el Espíritu Santo, conforme a la profecía y al nuevo anuncio divino por el ángel Gabriel. Por lo tanto, los 6 meses de Elizabeth corresponden a (5) hamyshy, (6) Elul, (7) Etanim, (8) Bul, (9) Kisleu, (10) Tebet. En el décimo mes del año, Tebet, el sexto del embarazo de Elizabeth, aparece Gabriel a María para anunciarle la concepción de Jesús. Tebet equivale a la segunda quincena de diciembre y a la primera de enero. Contando entonces los nueve meses del embarazo de María, tenemos: (11) Shebat, (12) Adar, (1) Abib Nisán, (2) Zif, (3) Siván, (4) rebyhy, (5) hamyshy, (6) Elul, (7) Etanim. Por lo tanto, Jesucristo nació en el séptimo mes del año bíblico y cósmico, llamado en las Sagradas Escrituras: Etanim, que corresponde con la segunda quincena de septiembre y la primera de octubre, el mes del zodiaco astronómico correspondiente a Virgo, pues el Mesías nació de la virgen como Simiente de la Mujer. En ese mes se celebra el día de la expiación, pues Jesucristo vino de la virgen para morir por nuestros pecados y redimirnos del pecado y de la muerte. El ciclo que comienza en Virgo termina en Leo, pues el Mesías regresará por segunda vez como el León de la tribu de Judá para juzgar y reinar.

Dionisio el Exiguo, el erudito tras el calendario gregoriano que reemplazó al juliano, y que rige la modernidad, está desfasado en un septenario, pues él erró al colocar el nacimiento de Jesucristo después de la muerte de Herodes, el llamado por los suyos, el grande. Sin embargo, Jesucristo nació antes de la muerte de Herodes, pues éste fue visitado por los magos de Anatolia después del nacimiento del niño Jesús. Pasado un tiempo, este Herodes organizó la matanza de los inocentes hijos de Raquel en Efrata, cuando José, María y Jesús ya habían huido a Egipto. El fenómeno astral que guió a los magos desde su tierra, en tres etapas, hasta Belén, fue descubierto por el gran astrónomo Johanes Kepler, quien demostró científicamente que unos años antes de la muerte de Herodes, se vio tres veces, desde el ángulo de Belén, la conjunción de los planetas Júpiter y Saturno. Desde la presencia del profeta Daniel en Persia como jefe de los magos, los mazdeistas esperaban al Rey de los Judíos prometido. Y puesto que Júpiter es el planeta real, y Saturno el sabatino (saturday), y el sábado está ligado a los judíos, la conjunción de Júpiter y Saturno les significó la señal del nacimiento del Rey de los Judíos. La conjunción también se dio, pues, en el mes de Etanim. Pero entonces vemos el deseo de la serpiente de hacerse igual a Dios, cuando influye en la forma ocultista como diseñan a la estrella de Belén, un pentáculo con dos puntas para arriba, como los cuernos del rostro de becerro del querubín caído. Luzbel siempre ha querido satanizar la navidad.

A partir de Francisco de Asís, comenzó a recordarse la natividad con la elaboración del pesebre. Desgraciadamente, desde los países nórdicos, y con la connivencia luterana, se introdujo la figura del árbol de navidad. Vemos entonces como la serpiente suplantó al pesebre con el árbol de navidad, y al nacimiento de Jesús con la “tierna” historia de santa Klaus, Papá Noel. Lo que era una celebración religiosa y espiritual, fue convertida por la serpiente en una orgía de bebedicies y comilonas, cada vez más asimilada al halloween de las brujas. De hecho, al lado de Papá Noel comenzaron a aparecer sexis mamás Noel en paños menores. Comenzó a hablarse de magia y fantasía, y ahora está rodeada de duendes; precisamente de servidores de la serpiente, al igual que los inspiradores comerciales que están detrás de la patraña universal. Porque no es en un solo pais donde esta satanización está aconteciendo, sino en todo el mundo, donde las élites “iluminadas” cual Caín, Nimrod y Judas Iscariote, a través de sus multinacionales, se roban el show deificando al dragón. Hoy mismo recibí una cartilla de propaganda para celebrar la navidad con duendes y dragones, mientras el Nombre de Jesucristo es ridiculizado. Ese es el espíritu que está detrás de la satanización actual y antigua de la navidad.

Detrás de tal programa de usurpación maligna y luciferiana están las élites del druidismo iluminati, digitador de la masonería, cuyo Consejo de 13 Grandes Druidas, no hace mucho presidido por Gaven Frost en su programa de ocultización de la cristiandad, según los testimonios de Lance Collins o John Todd, Mike O”Connors, y otros, realiza el ecumenismo ocultista de las élites esotéricas anticristianas. He vivido en varios países y puedo notar que la manipulación de la educación y del comercio no es un asunto local, sino global. En todos los colegios de mis niñas, en varios países, promueven la misma película de Aladino y la lámpara maravillosa, para inducir a los niños y a los jóvenes, si no pueden con los adultos, al ocultismo. El libro de lectura pedido a mi hija en el colegio era “Carlos Basa calabaza”, donde un apestoso demonio se hace amigo del infante para que nunca pueda desprenderse de él. Promovieron a Batman como héroe de los jovencitos; y cuando ya los tenían atrapados en el nuevo culto, declararon con feroz propaganda a Batman como rey de los demonios. Navidad nada tiene que ver con duendes, ni dragones, ni magia, ni fantasía, ni comilonas y bebedicies, papás Noel y mamitas sexis, como si fuera otro halloween de brujas, sino con el nacimiento virginal de Jesucristo en Belén para desahacer las obras del diablo, perdonar nuestros pecados y conducirnos a la gloria divina al otro lado de la muerte. Satanás y sus dráculas solo desean deformar la imagen de Dios en el hombre y reducirlo al tormentoso infierno con una carcajada tétrica. Jesucristo dijo: “El que no está conmigo, está contra mi…/…El que conmigo no recoge, desparrama”.

Gino Iafrancesco V., 2006, Bogotá.

LINAJE MESIÁNICO

julio 29, 2008

De manera que siendo el Mesías la Simiente de la Mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente, según prometió Yahveh Elohim delante de Adam y Eva,[1] Adam engendró a Set en el año 130 de la humanidad,[2] y éste a Enós en el año 235,[3] y éste a Cainán I en el 325,[4] y éste a Mahalaleel en el 395,[5] y éste a Jared en el 460,[6] en cuyo tiempo descendieron los vigilantes a la Tierra y tomaron para sí mujeres engendrando gigantes y enseñándoles diversas perversiones;[7] Jared engendró en el año 622 desde Adam al profeta Enok setita que caminó con Dios, profetizó y fue tomado por Elohim.[8] Enok setita engendró a Matusalem en el año 687,[9] el hombre que mayor edad ha alcanzado en la Tierra,[10] pues Dios era longánime, pues cuando Matusalem muriera, el Diluvio se desataría sobre toda la Tierra. Matusalem engendró a Lamek setita en el 874,[11] y Lamek setita a Noé en el año humano 1056.[12] Noé, con sus tres hijos: Sem, Cam y Jafet, y sus respectivas esposas: Emzara, Sedacatlebab, Nahlatmehoc y Adatnese,[13] sobrevivie­ron al Diluvio el 27 de Zif (Iyyar) del año 1657 desde Adam, cuando salieron del arca.[14]


El Bendito Dios de Sem se revelaría a esta descen­dencia. Sem, pues, engendró a Arfaxad en el año humano 1658,[15] y éste a Cainán II Sala en el 1693,[16] y éste a Sala II en el 1723,[17] y éste a Heber en el 1753,[18] de donde vinieron los hebreos. Heber engendró a Peleg cuando se partió la Tierra Adama o Pangéa y comenzó la deriva de los continentes en el año 1787 desde Adam.[19] Peleg engendró a Reu (Ragau) en el año humano 1817,[20] y éste a Serug[21] en el año 1849,[22] y éste a Nacor I en el 1879,[23] y éste, en el año 1908, a Taré, padre de los tarekitas hebreos[24] mencionados en la ugarítica Epopeya de Keret Refaíta,[25]y padre de Abraham,[26] de cuya Simiente prometida llegaría la Bendición a las familias y naciones de la Tierra,[27] y el cual nació en Ur de los Caldeos cerca al año 1978 desde Adam.[28]


La Simiente de la Mujer sería entonces también la Simiente de Abraham; por lo cual Abraham engendró a Isaak en el año humano 2078,[29] y éste a Jacob I Israel en el año 2138,[30] y éste a Judá I cerca al año 2192,[31] cuyo cetro no sería quebrado hasta que viniera Silo, el Enviado, el Legislador de entre las piernas de Judá.[32] Por lo cual Judá engendró a Fares en el 2256,[33] y éste a Esrom, y éste a Aram cerca al año 2451,[34] y éste a Aminadab, y éste a Naasón, y éste a Salmón,[35] esposo de Rahab la ramera salvada por fe en los dias de Josué, a la caída de Jericó;[36] y Salmón y Rahab engendran en el tiempo de los Jueces a Booz, esposo de Ruth la moabita,[37] pasadas ya las diez generaciones moabitas que no podrían entrar en relación con la congregación de Yahveh, según Deuteronomio 23:3.


Las diez genera­ciones prohibidas a Moab fueron: (1) la de Abraham, en cuyos tiempos, de Lot y su hija mayor nació Moab; (2) la de Isaak; (3) la de Jacob I Israel; (4) la de Judá I; (5) la de Fares; (6) la de Esrom; (7) la de Aram; (8) la de Aminadab; (9) la de Naasón; (10) la de Salmón y Rahab. La generación (11) fue la de Booz, que sí pudo recibir a Ruth la moabita, nuera de Noemí, según las Cronicas de Samuel, Natán y Gad.[38] Booz y Ruth engendraron a Obed, y éste a Isaí, mencionado en las profecías de Isaías acerca del Mesías. Isaí engendró al rey David, guarda del Cetro de Israel en el año 3200 desde Adam,[39] y éste al rey Salomón y a Natán,[40] según el nombre de su amigo el profeta.


Salomón engendró al rey Roboam en el año humano 3269,[41] y Natán a Matata, y éste a Mainán.[42] Roboam engendró al rey Abiam (Abías), y Mainán a Melea, y éste a Eliaquim.[43] Abías engendró al rey Asa, y Eliaquim meleíta a Jonán, y éste a José I.[44] Asa engendró al rey Josafat, y José jonanita a Judá josita, y éste a Simeón.[45] Josafat engendró al rey Joram de Judá, y Simeón judaíta a Leví I simeonita, y éste a Matat.[46] Joram engendró al rey Ococías de Judá que anduvo en los caminos de Acab y Jezabel, y quien fue muerto por orden de Jehú,[47] y a quien el apóstol Leví Mateo no juzga digno de mencionar en la ascendencia del Mesías.[48] Matat levita de la tribu de Judá engendró a Jorim, y éste a Eliezer.[49] Ococías de Judá engendró al rey Joás de Judá en tiempos del sacerdote Joiada, y Eliezer jorimita a Josué elezierita, y éste a Elmodam.[50] Joás engendró al rey Amasías de Judá. Tampoco Mateo juzgó digno mencionar a éstos, Joás y Amasías de Judá, en la genealogía del Mesías.[51] Elmodam engendró a Cosam, y éste a Adi.[52] Amasías engendró al rey Azarías (Uzías) de Judá,[53] y Adi a Melqui I, y éste a Neri.[54] Uzías engendró al rey Jotam de Judá,[55] y éste al rey Acaz de Judá,[56] y éste al rey Ezequías de Judá, gran restaurador,[57] y éste al rey Manasés de Judá, malo, pero luego arrepentido, engendrado en el tiempo extra de gracia que le concedió Dios a Ezequías por el profeta Isaías haciendo retroceder la sombra diez grados. En ese tiempo de gracia nació el rey Manasés de Judá, antepasado del Mesías.[58] Manasés engendró al rey Amón de Judá,[59] y éste al rey Josías de Judá, también gran restaurador del imperio de la Ley;[60] éste engendró al rey Joacaz de Judá, sustituído como rey por su hermano menor el rey Eliaquim (Joacim) de Judá,[61] según maniobra política del Faraón Necao, pero al cual llevó cautivo Nabucodonosor a Babilonia.[62] Joacim engendró al rey Joaquín.[63]


Éste Joaquín rechazó La Ley. Éste es también Jeconías, y es también Conías; diferentes nombres del mismo personaje. A éste Joaquín Jeconías Conías de Judá llevó cautivo a Babilonia Nabucodo­nosor, y lo sustituyó como rey de Judá por su tio Matanías Sedequías rey de Judá.[64] Entonces comenzó a profetizar el profeta Ezequiel, el cual, a pesar de la cautividad, profetizó también la futura Presencia en el Israel restaurado de Yahveh Presente.[65] Jeremías profetizó que ninguno de los descendientes de Jeconías se sentaría en el trono de Judá, y que sería un hombre privado de su descendencia.[66] No obstante, las Sagradas Escrituras declaran que Jeconías tuvo hermanos.[67] Jeconías murió sin hijos, como lo profetizó Jeremías; por lo tanto, según la ley del levirato,[68] uno de sus hermanos debía tomar a su esposa por mujer y levantarle descendencia. Neri, entonces, su hermano uterino, engendró a Salatiel, hijo de Neri,[69] como si fuese hijo de Jeconías.[70]


Salatiel engendró a Pedaías, y éste a Zorobabel,[71] goberna­dor de Judá, por quien fue restaurada la Casa de Dios en Jerusalem al regresar del cautiverio babilónico.[72] Zorobabel engendró a Abiud y a Resa;[73] Abiud a Eliaquim , y Resa a Joana.[74] Eliaquim a Azor, y Resa a Judá II joanaíta.[75] Azor a Sadoc, y Judá II joanaíta a José I Judaíta, y éste a Simei.[76] Sadoc a Aquim, y Simei a Matatías I, y éste a Maat.[77] Aquim a Eliud, y Maat a Nagai, y éste a Esli.[78] Eliud a Eleazar, y Esli a Nahum, y éste a Amós.[79] Eleazar a Matán, y Amós a Matatías II, y éste a José II matatita, y éste a Jana joseíta, y éste a Melqui II, y éste a Leví I melquita, y éste a Matat Melqui III, y éste a Elí.[80] Por su parte, Matán eliazarita engendró a Jacob II matanita.[81]


El Talmud, Guemará, Orden 2_ Mo’ed, en Haghigha 77:4, dice que Elí matatita del linaje de David fue el padre de María la madre del Señor Jesús Cristo. La tradición dice de María ser hija de Joaquín y Ana. Por su parte, el historiador Julio Africano (200-245), escribió su Carta a Aristídes, donde se recoge la explicación misma dada por José III, padre putativo de Jesús, y María su esposa, acerca de sus genealogías, a la iglesia primitiva contemporánea de ellos. José y María explicaron personal­mente a los primeros cristianos que ellos poseían tablas genealógicas privadas, los Despósinoi en el Libro de los Dias, tomadas de visitas a las aldeas de Nazareth, Locoba y demás.


La razón por la cual muchos linajes, especialmente los provenientes de David, tenían tablas genealógicas privadas, era porque el idumeo Herodes II llamado el grande, hijo de Antipas Antipatro, mandó quemar los registros oficiales para ocultar que él no tenía raíces israelitas; pues a la verdad, su padre Antipas Antipatro fue herido y raptado del templo de Apolo en Ascalón, Palestina, por unos bandidos idumeos, que al no poder cobrar el rescate a su padre Antipas Herodes I, sacerdote de Apolo, lo dejaron entre ellos donde fue criado en sus costumbres; después Antipatro entabló amistad con Hircano, sacerdote de Judea, y fue su embajador ante Pompeyo. Su hijo, también Herodes como su abuelo, quiso, pues, ocultar este trasfondo quemando los registros oficiales cuando fue nombrado rey de los judíos por Augusto y Antonio. El historiador Nicolás de Damasco, contemporáneo suyo, arregló la cola de paja de Herodes II, llamado el grande, pretendiendo que provenía de “una de las principales familias judías que habían venido de Babilonia”.


La Carta a Aristides de Julio Africano pasó a los registros históricos de Eusebio de Cesarea; también Basilio Magno, Jorge Syncellus y Gallandi conservaron escritos históricos de Julio Africano, al que también se refieren Orígenes, Dionisio Bar-Salibi, Suídas, Jerónimo y Focio. José y Maria explicaron a los primeros cristianos que Matán elezierita padre de Jacob II matanita, murió dejando viuda a su esposa de nombre Estha; entonces Estha fue desposada por Matat Melqui III engendrando a Elí. Por lo tanto Elí y Jacob II matanita son hermanos uterinos, siendo Estha madre de los dos: de Jacob II matanita del linaje de David por Salomón, y de Elí del linaje de David por Natán. Elí murió sin dejar hijos varones; entonces Jacob II matanita, que ya tenía dos hijos con su propia esposa, según la ley del levirato tomó, en nombre de su hermano uterino Elí, a la esposa de éste y engendró a José III , esposo de María, y padre putativo de Jesús de Belén y Nazareth. Por lo tanto José III, esposo de María, es hijo legal, según la ley del levirato, de Elí, como aparece en la genealogía registrada por Lucas en su Primer Tratado; pero también José III, esposo de María, es hijo, según la carne, de Jacob II matanita, como aparece en la genealo­gía registrada por el apóstol Leví Mateo en su Evangelio.

Siempre, desde el rey David, estuvo el reino en manos de sus descendientes, incluso durante la cautividad babilónica, pues Nabucodonosor entregó el trono de Joaquín a su tío Sedequías.[82] Ciro el Persa[83] apoyó el gobierno de Zorobabel.[84] Lo mismo hizo Darío el Persa.[85] Pero llegado el tiempo de la primera venida del Mesías para sufrir, según la profecía de Daniel acerca de los 70 septenarios,[86] el trono del rey de los judíos fue usurpado por el idumeo Herodes II, llamado el grande, hijo de Antipas Antipatro, cumpliéndose la profecía de Jacob I Israel, de que no sería quebrado el cetro de Judá hasta que viniera Silo.

Para esta sección genealógica mesiánica, hemos usado, pues, La Torá, los Nebiim, Los Ketubim, el Evangelio del apóstol Leví Mateo, el Primer Tratado (el Evangelio) de Lucas, las Antigüedades de los Judios, de Josefo, El Talmud: Guemará: Orden 2° Moed: Haghigha 77:4, escrito por el rabino Asi, la Carta a Aristides de Julio Africano, y la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea.


[1]Génesis 3.15.

[2]Génesis 5:3.

[3]Génesis 5:6.

[4]Génesis 5:9.

[5]Génesis 5:12.

[6]Génesis 5:15.

[7]Génesis 6:1-6; 2 Pedro 2:4,5; Judas Tadeo Lebeo 1:6,7; [1 Enok 6:1 a 9:11]; [4 Enok 6:4 a 8:4]; [1Q20:III:3; 4Q201:III:1-23].

[8]Génesis 5:18,22-24; Hebreos 11:5.

[9]Génesis 5:21.

[10]Génesis 5:27.

[11]Génesis 5:25.

[12]Génesis 5:28,29.

[13][Jubileos 4:33; 7:14-16]; [Al-Tabarí 173, 202, 203].

[14]Génesis 8:14-16. Para una cronología, puede verse la obra de este mismo autor titulada: Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[15]Génesis 11:10.

[16]Génesis 11:12 LXX; Lucas 3:36; He restado 100 años de la LXX para adaptarlo al Texto Masorético.

[17]Génesis 11:13 LXX; Lucas 3:35. Ibid. Ver Cronología en Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[18]Génesis 11:14. Heber; ver el nombre Ibrium, visir de Irkab-Khalam en los Archivos de Ebla. Ver también los Textos de Mari, y la Epopeya ugarítica de Keret refaíta.

[19]Génesis 10:25; 11:16.

[20]Génesis 11:19.

[21]Serug, el mismo nombre Sharugi en los Textos de Harán.

[22]Génesis 11:20.

[23]Génesis 11:22. Nakhur en los Textos de Mari.

[24]Génesis 11:24.

[25]Al respecto puede leerse en el libro de este mismo autor, titulado: Sefer Gitaim; Bogotá, 1998.

[26]Génesis 11:26.

[27]Génesis 12:1-3; Gálatas 3:14-18,29.

[28]Génesis 25:7.

[29]Génesis 21:5.

[30]Génesis 25:26.

[31]Génesis 29:27-35. Ver Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[32]Génesis 49:8-12.

[33]Génesis 30:22-24; 37:2; 38:1,18,27-30.

[34]Éxodo 6:20.

[35]Rut 4:18-20; 1 Crónicas 2:5-11; Mateo 1:3,4; Lucas 3:32,33.

[36]Mateo 1:5; Josué 2:1,8-21; 6:22-24.

[37]Rut 4:21; Mateo 1:5.

[38]1 Crónicas 29:29. Según este verso, las Crónicas de Samuel, Natán y Gad abarcan los libros titulados: Josué, Jueces, Ruth y Samuel.

[39]Rut 4:21,12; 2 Samuel 5:4. Ver Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[40]1 Crónicas 3:5; Mateo 1:6; Lucas 3:31,32.

[41]1 Reyes 14:21.

[42]Lucas 3:31.

[43]1 Reyes 14:31; 15:1; 2 Crónicas 13:1,2; Lucas 3:30,31.

[44]1 Reyes 15:8-10; 2 Crónicas 14:1; Lucas 3: 30.

[45]1 Reyes 22:41; 2 Crónicas 17:1; Lucas 3:30.

[46]2 Reyes 8:16; 2 Crónicas 21:1, Lucas 3:29,30.

[47]Jehú, 1 Reyes 19:16,17, 2 Reyes 9:2-31; 10:1-36; 12:1; 13:1; 14:8; 15:12; 2 Crónicas 22:7-9; 25:17; Oseas 1:4; ver Obelisco negro de Salmanasar III en el Museo Británico.

[48]2 Reyes 8:25 ,27; 9:27; 2 Crónicas 22:1,3,9;

[49]Lucas 30:29.

[50]2 Reyes 11:2;12:1; 2 Crónicas 22:11; 24:1; Lucas 3:28,29.

[51]2 Reyes 14:1; 2 Crónicas 24:27; Mateo 1:8.

[52]Lucas 3.28.

[53]Azarías Uzías en los Anales de Teglat-Falasar III.

[54]2 Reyes 15:1; 2 Crónicas 26:1; Lucas 3:27,28.

[55]2 Reyes 15:32; 2 Crónicas 26:23; Mateo 1:9.

[56]2 Reyes 16:1; 2 Crónicas 27:9; Mateo 1:9. Ya-u-ja-si Ya-u-da-a en los Textos asirios de Teglat-Falasar III.

[57]2 Reyes 18:1, 2 Crónicas 28:27; 29:1 a 31:23; Mateo 1:9. Ver la Inscripción del túnel de Siloé, el Prisma Taylor de Senaquerib y el Texto de Nebi-Yunus.

[58]Isaías 38:1-22; 2 Reyes 20:21; 21:1-18; 2 Crónicas 32:24, 33; 33:1-20; Mateo 1:10; ver: Oración de Manasés. Ver Prisma B,54-VI con la campaña de Asaradón; también la Lsta de los reyes de Jatti tributando a Asurbanipal.

[59]2 Reyes 21:18; 2 Crónicas 33:20; Mateo 1:10.

[60]2 Reyes 21:26; 22:1 a 23:23; 2 Crónicas 33:25 a 35:19; Mateo 1:10. Los incidentes contemporáneos a los tiempos de Josías pueden verse en Herodoto.

[61]De Joacim leer en Josefo.

[62]2 Reyes 23:30 a 24:18; 2 Crónicas 36:1-11; Mateo 1:11. Ver Papiro de Adón pidiendo ayuda a Nabucodonosor.

[63]De Joaquín ver las Tabletas de la expedición de Koldewey, y el Ostracón de Laquis III; también el sello de Bet – Mirsim.

[64]2 Reyes 24:6-20; Jeremías 52:1-3; 2 Crónicas 36:8-11; Mateo 1:11. Ver Sello de Laquis con el nombre de su gobernador Godolías, y la tumba del ayudante de este Jazanías.

[65]Ezequiel 1:1; 3:16; 8:1; 20:1; 24:1,2; 29:1,17; 26:1; 31:1; 33:21; 40:1; 32:1; 48:35. Aproximación a Crónicas III:A:5; Bogotá, 1990.

[66]Jeremías 22:24-30.

[67]Mateo 1:11.

[68]Deuteronomio 25:5,6.

[69]Lucas 3:27.

[70]1 Crónicas 3:17.

[71]Mateo 1:12; 1 Crónicas 3:19. Zorobabel desciende de Salatiel por Pedaías contado como pariente de Jeconías que murió sin hijos, pero que tomaba su parentela como hermanos e hijos (1 Crónicas 3:16-18).

[72]Esdras 2:2; 3:2,8; Hageo 1:14; 2:2-9; Zacarías 4:9.

[73]Mateo 1:13; Lucas 3:27; 1 Crónicas 3:19,29 (Abiud = Hasuba; y Resa = Jusab-Hesed ó Berequías).

[74]Mateo 1:13; Lucas 3:27.

[75]Mateo 1:13; Lucas 3:26,27.

[76]Mateo 1:14; Lucas 3:26.

[77]Ibid.

[78]Mateo 1:14; Lucas 3:25.

[79]Mateo 1.15; Lucas 3:25.

[80]Mateo 1:15; Lucas 3:23-25. Matat Melqui III, uniendo los datos de Lucas y la Carta a Arístides de Julio Africano.

[81]Mateo 1:15.

[82]2 Reyes 24:17; 2 Crónica 36:10 (hermano en el sentido de pariente).

[83]Ciro, Ver la Crónica de Nabonides, el Cilindro de Ciro y los historiafores Beroso, Herodoto, Jenofonte y Josefo. De su hijo Cambises hablan también los Textos de Elefantina.

[84]Esdras 1:1 a 2:2; 3:2,8.

[85]Esdras 4:24; 5:2.

[86]Daniel 9:20-27.

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Gino Iafrancesco V., Bogotá D.C., Colombia, 2003. (Cap.2 de “Historia Cristiana”).

EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO

julio 29, 2008




Dice el apóstol Pablo en su epístola a las iglesias de Galacia (Gálatas 4:4): “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la Ley.” Detengámos­nos un poco en lo relativo al cumplimiento del tiempo.

También Pablo escribió a la iglesia en Efeso (Efesios 1:10): “(Dios) se había propuesto en sí mismo reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” Aquí Pablo, a diferencia de Gálatas, que habla en singular de “tiempo“, dice “tiempos” en Efesios.

En Gálatas es “cronos”; en Efesios es “kairós”. En Gálatas se refiere, pues, al tiempo en su estructura lineal de sucesión cronológica, los años previstos para la llegada del Mesías en su primera venida, tal como profetizó Daniel. En Efesios se refiere a las diversas maduraciones, a las ocasiones oportunas de los eones o edades o períodos, o como se ha dado en llamar en los últimos siglos: dispensaciones.

De hecho, la humanidad, según Dios, ha pasado por diferentes etapas. Vivió cerca de cien años en estado de inocencia en el jardín del Edén, según se desprende de la fecha del nacimento de Set. Este fue un primer “kairós”, una ocasión especial de prueba para el hombre frente al Árbol de la Vida, y frente al árbol de la ciencia del bien y del mal.

Pero el hombre quebrantó el pacto, como dice el profeta Oseas ( Oseas 6:7), y entró en un segundo período a partir de su pecado y la subsiguiente expulsión del Edén. Nuevas cosas designó Dios para ellos a partir de allí, tales como la maldición de la tierra y sujeción de la creación en manos de Adam a la vanidad, el comer el pan con el sudor de la frente, los dolores en las preñeces y partos de la mujer, el volver al polvo tras la muerte, un nuevo régimen vegetariano más amplio, la cobertura provisional del sacrificio en espera de la Simiente prometida de la mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente, el nuevo alimento de ésta, el polvo, que es el material con que está hecho el hombre, la autoridad delegada del hombre sobre la mujer, la condición caída de la naturaleza humana ahora vendida al poder del pecado en la carne, el conocimiento del bien y del mal; es decir, el gobierno de la conciencia, la conciencia de desnudez, la culpabilidad que se esconde de Dios, etc.. El gobierno de la conciencia; en este nuevo estado fue ahora un segundo “kairós”, una nueva ocasión en circunstancias diferentes para estar delante de Dios, pero bajo la misma provisión de gracia de Dios concedida en la promesa acerca de la Simiente de la Mujer, y ejemplificada en la cobertura de túnicas de pieles de un sacrificio. La Vida Divina ofrecida al hombre en el Edén por medio del Árbol de la Vida, es ofrecida en este nuevo “kairós” al hombre en la Fe de la Simiente de la Mujer, pues ésta aplastaría la cabeza de la serpiente destruyendo su imperio, que es el del pecado y la muerte.

Pero así como el “kairós” de la inocencia terminó con el pecado, el “kairós” de la conciencia terminó con el Diluvio, pues el hombre llegó a ser carne estando su corazón de continuo solamente en el mal (Génesis 6:5). Dios, pues, en su infinita misericordia, no queriendo destruir del todo al hombre que le hace doler el corazón, reservó a Noé y a su familia para repoblar la tierra, y con ellos estableció el régimen del gobierno humano, del hombre sobre el hombre. Este tercer “kairós” está representado en la vigencia dentro de la humanidad de las siguientes palabras de Dios a Noé y su familia: “Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multipli­caos, y llenad la tierra. El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo qe se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento; así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre. El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derrama­da; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella…/…He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de Diluvio, ni habrá más Diluvio para destruir la tierra…/…Esta es la señal del pacto que Yo establezco entre mi y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mi y la tierra. Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. Y me acordaré del pacto mio, que hay entre mi y vosotros y todo ser viviente de toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra…/…Esta es la señal del pacto que he establecido entre mi y toda carne que está sobre la tierra.” (Génesis 9:1-17).

Vemos, pues, que ahora en este tercer “kairós” la dieta vegetariana se amplía a una que incluye a toda carne excepto su sangre. La pena de muerte se establece sobre el hombre y los anima, para que sea aplicada por el hombre sobre quien derrame la vida humana. Esto tiene vigencia universal. Dios hace un pacto, lo señala con el arco iris, y las promesas anteriores acerca de la Simiente de la mujer se mantienen incolumnes. Entonces comienzan las primeras civilizaciones inmedia­tamente postdiluvianas. Se levanta Nimrod y las ciudades estados sumerias. También surgen los acadios, asirios, elamitas, antiguos caldeos y otros. Se levanta la torre de Babel en oposición a Dios, y el gobierno humano se envilece dando lugar a la tiranía. Satanás engaña las etnias de la tierra.

Entonces Dios llama a Abraham y le anuncia acerca de la Bendición que vendrá a las familias y naciones de la tierra, por medio de su Simiente; y un nuevo “kairós” se abre para estos elegidos, en función de la humanidad entera. Las demás naciones, ajenas por lo pronto a la fe y al conocimiento de la promesa, continúan bajo el régimen noético, si bien la promesa de la Simiente de la Mujer todavía les cobija; solo que aún desconocen que vendría por Abraham y su descendencia. La promesa abrahámica es confirmada a Isaak y a Jacob, y entonces surge la nación de Israel, entre cuyas tribus, la de Judá recibe una nueva promesa; de él provendrá Silo y el Cetro de Israel.

Con Moisés establece Dios el pacto de la Ley con Israel, para que esta nación sea ejemplo a las demás naciones y sea Su testigo en el mundo. Dios añadió la Ley, sin anular la promesa, sino para que al estar bajo el régimen de la Ley, se pudiese conocer la necesidad del Salvador, el Mesías, profetizado ahora también por Moisés, y tipificado por las instituciones, fiestas, sacrificios, ritos y jornadas de Israel. Este “kairós” añadido, no invalida aquel anterior de la promersa a Abraham y su simiente, pero prepara el “kairos” de la primera venida del Mesías en el “cronos” respectivo revelado a Daniel.

Despúes viene el “kairós” de la gracia defintivamente cumplida y manifiesta, el cual es el de la Iglesia, con la plenitud de los gentiles.

Entonces Dios se volverá a Israel para la segunda venida del Mesías, y el Reino de los Cielos Milenial tendrá lugar. Tras el habrá la resurrección de los demás muertos (pues los justos resucitarán antes y para el Milenio) y la liberación de Satanás del abismo en el cual será sellado por el Milenio; y tras la última rebelión de todos los réprobos, establecerá Dios Su Juicio Final.

Entonces habrá por la eternidad, con Dios y Su Mesías, Cielo Nuevo, Tierra Nueva, Nueva Jerusalem y las naciones que hubieren sido salvas. Dios sujetará a Cristo todas las cosas, y a su vez el Hijo le someterá todo al Padre, porque lo que es del Padre es del Hijo, y lo que es del Hijo es del Padre. Todo esto ha sido, es y será el cumplimiento de los tiempos de que habla Pablo en Efesios. Lo que ha sido y es: los tiempos, se dirigen a su cumplimiento: lo que será.

Dentro de esos tiempos está el cumplimento del cronos de la primera venida del Mesías, a la que se refirió Pablo en su epístola a los Gálatas. También Jesús se refirió al cumplimiento del kairós específico de Su primera venida. Kairós específico dentro del cronograma de los demás tiempos que corren hacia su pleno cumplimiento.

El profeta Daniel recibió de Dios, por el ángel Gabriel, una profecía acerca de los setenta septenarios (Daniel 9:20-27). Sesenta y nueve de ellos se pasarían desde la orden de Artajerjes en el año 20 de su reinado para restaurar y edificar Jerusalem hasta la visitación del Mesías. En el dia exacto en que se cumplían esos años, entró Jesús en un burrito a Jerusalem llorando porque no entendieron el dia de su visitación. Jesús llamaba la atención de sus contemporáneos a las señales de los tiempos.

También había otras profecías acerca del orden de los imperios mundiales. Babilonia tuvo su tiempo durante el cual Israel fue corregido de su idolatría. Entonces Persia tuvo su tiempo durante el cual fue restaurada la Casa y la Ciudad de Dios y el aprecio de la Ley y los Profetas. Entonces Grecia y sus reinos sucesores tuvieron su tiempo durante el cual se consolidó el Canon de las Sagradas Escrituras y se preparó la cultura para la difusión universal del Evangelio del Mesías. También Roma tuvo su tiempo durante el cual lo anteriormente preparado encontró realización y se abrió camino hacia toda la humanidad. En los tiempos de Roma llegó el Mesías, precisamente en el cumplimiento del tiempo, cuando la profecía, la filosofía, la cultura, la política, la religión, marcaban la hora del importantísimo “kairós” respectivo en su “cronos” previa y divinamente señalado.

Por eso podía decir el apóstol Pablo a los atenienses, en el mismo areópago, platafor­ma mayor de la cultura universal: ” Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia ( y le llama ignorancia a la cúpula de la cultura humana en su capital universal), ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un dia en el cual juzgará al mundo con justicia, por Aquel Varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muer­tos.” (Hechos 17:30, 31).

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Gino Iafrancesco V., Bogotá, Colombia, 2003. (Cap. 3 de “Historia Cristiana”).

EL LIBRO DE LOS LIBROS

enero 8, 2008

EL LIBRO DE LOS LIBROS

Existe un libro al que con justicia se le llama “el libro de los libros”; es un libro antiguo, cuyas primeras partes se escribieron hace muchísimo tiempo, incluso, siglos antes que los grandes clásicos de la antigüedad; así, como decía José Flórez, antes de la Ilíada y la Odisea de Homero, y anterior a la Eneida de Virgilio; anterior a las tragedias de Esquilo y a los analectas de Confucio. Incluso, el escritor de la primera parte se valió de documentos anteriores a él, que de vez en cuando cita. Es un libro que ha venido acompañando a la humanidad desde sus albores y cuya influencia es la más benéfica que se haya podido conocer en toda la historia; su aceptación ha sido inmensa; más que la de cualquier otro libro, incluidos todos los clásicos. De este libro se conservan copias en mayor profusión que de todos los demás libros apreciados por la humanidad. Es un libro para la humanidad en general, que halla cabida en toda raza y nación, en toda clase social e idiosincrasia, saneando las costumbres, elevando el nivel de las gentes y los pueblos, en la medida que conocen el Libro y son penetrados por su Espíritu.

Es el libro que más  se imprime y se traduce; son millones las copias que se hacen de él cada año y existen personas e instituciones especialmente dedicadas a la distribución de este libro; se ha traducido a todos los idiomas importantes del mundo y literalmente a miles de dialectos; y se sigue traduciendo y poniéndose al alcance incluso de las más salvajes tribus, pues se conocen sus efectos positivos; se da el caso incluso de que el dialecto de una tribu se escribe por primera vez para poder tener una traducción de este libro.


Su influencia, decíamos, es, pues, enorme; grandes poetas y artistas  deben su inspiración a este libro, y el influjo de este libro los ha hecho famosos; ni qué hablar de los filósofos, estadistas, santos y teólogos; sin este libro no hubieran sido 1o que fueron.


El libro es una colección de diferentes tipos de escritos; hay en él historia, poesía, leyes, profecías, cartas, dichos, etc, pero aunque tan diversos estilos se entremezclan, sin embargo constituyen una sola Obra Maestra, con sólo un tema básico hilvanando las distintas partes, que por reflejar distintas situaciones, típicamente humanas, le dan al libro una  riqueza espiritual, psicológica y estética tan maravillosa, que indagar en él es como penetrar en una mina inagotable de tesoros.


Nunca termina uno de leer este libro, pues cuando pensábamos haberlo leído todo, hallamos nuevas cosas nunca imaginadas, que nos hacen escudriñarlo de nuevo. Hay personas que por muchos años han estado sumergidos en él, pero no terminan de desentrañar sus tesoros. El tema central trata de una revelación maravillosa; es la historia de cómo Dios se ha revelado al hombre, y qué ha hecho para salvarlo; nos muestra el desarrollo del Plan Divino, retrocediendo hasta el más ignoto pasado; sí, hasta el mismo principio, y entonces nos guía a través de los tiempos mostrándonos la mano maestra del Alfarero Universal, Dios, detrás de todos los acontecimientos de la historia humana. Es un libro milagroso, sí, lleno de asombrosa profecía cuya exactitud y cumplimiento nos  asombra; hoy, los siglos se visten de acuerdo a sus previsiones; y si hablamos de profundidad, debemos confesar que el libro tiene la capacidad de desnudar el corazón humano y penetrar a donde ningún otro ha penetrado; sí, el libro maneja en sus manos el corazón del hombre y demuestra controlar su historia presente y su futuro.


Es un libro al que vale la pena escudriñar; no sólo pseudo-leer, sí escudriñar; oh, si se estudiase este libro más que cualquier otro libro, y se pusiera en práctica, se obtendrían mayores beneficios de los ya obtenidos.


Fueron varios los hombres que colaboraron con el Autor de este libro.
Algunos fueron poetas, otros reyes, otros campesinos, otros legisladores, otros escribas, otros pescadores, otros cobradores de impuestos, otros generales; en fin, de varios tipos de hombres; pero el Autor, es evidente, ha sido solamente UNO. Efectivamente, Dios dirigió a Moisés y le habló, y éste entonces registró sus palabras y hechos.

Josué y los jueces de Israel continuaron la historia.


Los profetas recogieron las visiones y las palabras que recibieron de Dios y las conservaron.


Poetas como Job, David, Salomón y Jeremías contaron los dolores y las alegrías del corazón del hombre; se hístorió la vida de la nación de Israel para enseñarnos con ella lo que significa estar cerca o lejos de Dios; además, para preparar con ella el advenimiento del Mesías Salvador, primero como Profeta y sacrificio sufriente, expiación tipificada en los ritos mosaicos, y entonces, Rey que alumbra a los gentiles y que se sentará en el trono de David para reinar en paz de mar a mar,  sobre el Monte de Sion. El Mesías, he allí el meollo del libro de los libros, el núcleo central.


Nos muestra primeramente el libro la preparación de su advenimiento; y entonces nos cuenta la historia de su visitación y la introducción del Reino, explicándonos su operación actual hacia un fin determinado, definido y cercano. Con los evangelios, los Hechos apostólicos y sus epístolas y con el Apocalipsis, nos abre el Libro de los libros las puertas del cielo por el conocimiento del Mesías, Jesucristo, Hijo de Dios. No seamos, pues, tan insensatos como para desconocer el Libro de los libros, “La Biblia”.

Gino Iafrancesco V.
Paraguay, 1984
  

PARA USTED MISMO / lo mínimo que quisiera decirle a todo ser humano

diciembre 31, 2007
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PARA USTED MISMO / lo mínimo que quisiera decirle a todo ser humano

Un ¡alto! puede salvarle la vida.

Dios desea comunicarle algo, antes de que usted siga de largo, y se pierda definitivamente.

No está en sus manos su futuro. Un minuto para atender a Dios, aquí y ahora, puede significar su salvación eterna.

Dios sí sabe de qué necesita usted ser salvo, aunque usted por ahora no lo sepa.

Dios lo hizo a usted con un propósito, y ahora interviene en su vida para hablarle.

El Dios de la gloria, Creador único de todas las cosas, se ha revelado a los hombres mediante Jesucristo, el Hijo de Dios. Él es el eje y la explicación de todas las cosas. Él es la Luz, la única que puede alumbrarle realmente.

Dios le ama y le comprende. Porque lo ha pensado a usted desde antes, fue porqué lo creó. Y ahora mismo le ha encontrado para hablarle, pues le ha estado buscando, aunque usted no se ha dado cuenta.

Él quiere decirle que está dispuesto a perdonarle todo pecado, y justificarle, con base en los méritos de Su Hijo Jesucristo en Su sacrificio en la Cruz.

El Hijo de Dios, que llegó a ser un hombre verdadero, y el Mesías profetizado de la historia, ha pagado en la Cruz el precio de todos los pecados de usted.

Al tercer día resucitó y se presentó vivo ante muchos testigos, pues Dios lo levantó de entre los muertos para mostrar que Él es Su Hijo y que ha recibido Su sacrificio en expiación por los pecados de todos los hombres, para que quien le creyere y le recibiere sea eternamente salvo por la fe en Sus méritos y en Su nombre.

Si usted cree y por Su gracia lo decide, puede invocar ahora mismo a Dios en el nombre de Jesucristo, y decirle de todo corazón que usted reconoce que ha pecado mucho, pero que por Su gracia se arrepiente de todos sus pecados, y que usted lo recibe a Él como su Salvador y Señor, como el Hijo de Dios completamente resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre, aceptando con toda fe el sacrificio que Él hizo por usted en la Cruz, de manera que Su sangre le limpia de todos los pecados por la fe.

Jesús dijo en Su Palabra:

Ninguno que a Mi viene Yo lo hecho fuera”,

Venid a Mi todos los que estáis cargados, trabajados y cansados, y Yo os haré descansar“,

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; Nadie viene al Padre sino por Mi“.

Jesucristo ha resucitado de entre los muertos ante testigos, y ante quienes mostró Su gloria; y ¡está vivo!; ¡está ascendido a la diestra del Padre! y conoce todos los secretos de su corazón, pero le ama y desea salvarlo.

Dios desea que usted mismo se pronuncie definitivamente por Su gracia.

Hable con Él en el nombre de Su Hijo Jesucristo, recíbalo por la fe de todo corazón, y encomiéndele en Sus manos todo su ser, su pasado, su presente y su futuro eterno. Si usted lo toma en serio, Él también lo tomará a usted en serio y le será fiel a usted y a su fe. Él es la misma Fidelidad Divina encarnada, el Testigo Fiel y Verdadero.

Reconcíliese ahora mismo con Dios por medio de la fe en Jesucristo; arrepiéntase, pídale perdón y crea. No permita que su orgullo y necedad le arrebaten la salvación eterna prometida por Dios a los que creen en Su Hijo. Pídale perdón y misericordia. Él será justo en perdonarle, pues Jesucristo ya pagó el precio de sus pecados y usted cree y lo recibe de parte de Dios, de todo corazón. 

No se haga el inocente, ni sea descuidado, porque entonces sus males le alcanzarán.

La manifestación del reino de los cielos profetizada, está más cerca que nunca. Jesucristo regresará pronto, vendrá por segunda vez como lo prometió, y hará juicio. Los acontecimientos de este siglo, cada vez más dolorosos, son las señales profetizadas por Él que anuncian Su cercanía.

Él ha dicho que si alguno no está con Él, entonces está contra Él. ¿De parte de quién está usted?

No sea tibio. Comprométase en serio con Jesucristo, pues Él mismo le ayudará a hacerlo. Hable con Dios ahora mismo desde lo más profundo de su corazón y reciba Su ayuda. Confíe en Él, pues nunca ha defraudado a nadie que en verdad le busque y le reciba. No depende de nuestros métodos , sino de Su misericordia, gracia y justicia. Justicia por que yá pagó por usted con Su propia muerte y usted le ha creído.

La manifestación, pues, del reino de Dios está cerca, y el sistema actual de esta mundo se acaba. No se obstine en seguir sus propios caminos hasta el infierno. ¡El infierno sí existe! ¡Muchos lo conocen y no es ninguna broma!

Vuélvase a Dios por Su gracia ahora mismo. El temor reverente de Dios es la sabiduría.

No confíe en sus propias promesas. Confíe en la ayuda que Dios da a los débiles. Confíe en Su misericordia, gracia y justicia, sin falsedades ni posturas. Exprésese tal como ustted mismo es. Dios, que lo creó, le entenderá mejor que usted a sí mismo.

¡Escúchele ahora! El mañana no es suyo, y la eternidad es irrevocable. No arriesgue su futuro eterno en su insensatez. Sea sabio. Atienda la Palabra de Dios que está en la Biblia, Las Sagradas Escrituras, que por inspiración divina escribieron los profetas y apóstoles del Señor.

Lea atentamente la Sagrada Escritura, pidiéndole a Dios que por Su Santo Espíriru le ayude a entender. Considere a Jesucristo muy atentamente.

No se engañe a usted mismo, porque la muerte le espera seguramente cuando y donde usted menos lo espera y ni se lo imagina.

No se deje engañar por los hombres, ni por su propia torpeza. Sólo Dios te puede dar vida eterna, por medio de Su Hijo y Su Santo Espíritu. Busque directamente a Dios, a quien hallará en Su hijo Jesucristo, comforme a las Sagradas Escrituras. Sea honesto y Él será fiel con usted.

Él le está ofreciendo el perdón de sus pecados, para limpiarlo mediante la fe con la sangre de Su Hijo Jesucristo. También ha prometido venir entonces a morar en su espíritu, por medio del Espíritu Santo, para regenerarle, renovar su alma, vivificarle en las debilidades, inspirarle, enseñarle, comunicarle todo lo que Él es y ha hecho por usted; también para corregirle y fortalecerle interiormente para el supremo bien.

Usted mismo sería culpable, si rechaza o rehúsa esta bendición. El remordimiento le perseguirá siempre.

Dígale, pues, a Jesucristo, que usted cree en Él, por Su gracia, y le recibe, y de todo el corazón le entrega su vida. Pídale también con confianza que le guíe a usted y a los suyos. No espere a los demás. Recíbale usted primero, para que los suyos lo reciban más fácil. 

Sea bautizado en Cristo. Sea un verdadero cristiano. Forme parte de la familia de Dios, que es una sola, formada por todos sus verdaderos hijos, aquellos que le creen y han sido perdonados de sus pecados, al ser comprados eternamente por la sangre de Cristo, y regenerados para siempre por Su Espíritu.

Reúnase con cristianos genuinos para agradecer y adorar a Dios, y aprender considerando Su Palabra, Las Sagradas Escrituras, y para animarse para hacer el Bien con la ayuda de Dios. Prepárese para la manifestación del reino de Dios que está cerca. 

No se deje distraer, ni arrastrar por el diablo. Enfóquese de lleno en Jesucristo, y conocerá de verdad a Dios, Su amor, Su plan y Su propósito.

Dios quiere que usted le conozca verdaderamente como a Padre, y se goce con Él, y con lo que Él ha hecho, y con lo que se ha propuesto hacer con los que le aman y reciben con confianza.

Jesucristo interviene. Su Espíritu se está moviendo y actuando.

No todo será siempre guerras, masacres, alborotos, terremotos, hambres, desastres, enfermedades, injusticias, violencia y maldad. Estos son los estertores finales de este sistema del mundo, los dolores de parto cada vez más frecuentes e intensos por la maldad en la tierra. Alboreará, y pronto se verá la manifestación del reino de los cielos con la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo. Espérelo. Viene pronto.

Encare la vida con la ayuda del Divino Espíritu. Mejórela desde ya con Jesucristo. Su confianza en Él le permite salvarle. Su incredulidad y rebelión le deshonran y harán que permanezca sobre usted la condenación eterna.

Usted no está sólo. Dios está con usted y por usted; pero usted debe recibirlo por Su gracia. Nosotros, los cristianos, también estamos por usted. Decídase.

Este mensaje delante de usted, significa que usted ya ha sido llamado. No tenemos excusa.

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Gino Iafrancesco V., 1985, Facatativá, Cundinamarca, Colombia.

Hello world!

diciembre 31, 2007

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